8 de noviembre 2026

    8.Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado.Ro.10:11

    Si has puesto tu esperanza de salvación en Cristo, no serás avergonzado. No importa lo difícil y confusa que sea nuestra vida, al final comprobaremos que valió la pena haber creído en Jesucristo. Podemos comprender esta promesa de Dios fácilmente con nuestra mente, ¡pero quiera Dios despertar nuestros espíritus, para que la tengamos constantemente presente en nuestros corazones! ¡Que Dios nos prometa que no seremos avergonzados, es buenísimo!

    Esta afirmación debiera despertar a algunos y reconfortar profundamente a otros. La esperanza de eterna felicidad puede concretarse, o puede ser una tremenda decepción. Casi todos tienen alguna esperanza más allá de esta vida. Los fundamentos de la esperanza de la gente son muchos y diversos. La mayoría funda parte de su esperanza en sus buenas obras, y parte en la gracia de Dios.

    Algunos esperan que Dios los perdone y premie por ciertos motivos particulares, que los distinguirían a ellos como personas especialmente dignas. Pero, la esperanza basada en cualquier otra cosa -o personafuera de Cristo, causará una gran decepción en el día del Juicio Final. Solamente aquel que en él creyere –como dice la Biblia- verá coronada su esperanza con la vida eterna.

    Algunos dicen: “Qué terrible sería si después de creer en Cristo durante toda mi vida, al final igual quedase avergonzado”. Las pruebas y tribulaciones de los creyentes son tantas… la depravación de la carne tan poderosa… las imperfecciones y debilidades tan angustiantes… la gracia del Señor parece tan extraña y lejana… la manera en que Él nos guía nos resulta confusa… y los dardos de fuego de nuestro adversario el diablo son tan hirientes, que más de un creyente exclama: “¿Quién sabe si podré perseverar en la fe, o si acabaré perdiéndome finalmente?”

    A uno, lo que más le angustia quizás sea una constante tentación, de la cual no logra librarse, a pesar de orar y acudir a los medios de gracia. Otro ve que su vida está llena de pecado, negligencia e infidelidad, y piensa que es imposible que el Espíritu de Dios pueda estar con él; o piensa que es un hipócrita, porque no siente remordimientos por su frialdad para con Dios, ni sufre por su falta de deseos de orar…

    La cuestión es: ¿Puede esa única cosa: mi fe en Cristo, protegerme contra todo? Respondo: ¡Así es! Por la fe eres una nueva persona en Cristo. En tu vida podrá haber aún muchas cosas por las que merecerías el rechazo y el castigo de Dios; podrán seguir existiendo muchos defectos que corregir, y malos hábitos que superar; pero por medio de la fe en Cristo, eres y sigues siendo un hijo de Dios que sólo por gracia irás al cielo. Incluso si aún sientes una gran lucha entre tu carne y el Espíritu, y clamas como el apóstol: “¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?” (Ro.7:15-25).

    Que aún exista pecado en la vida de alguien, incluso grandes y abun dantes pecados, no significa necesariamente que tal persona no tenga la fe salvadora.

    Los pecados no pueden hacer fracasar la esperanza de salvación de los que creen en Cristo. Por los méritos del Hijo de Dios, toda impiedad puede ser perdonada: “Ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús” (Ro.8:1). Lo decisivo es que: “El que tiene al Hijo, tiene la vida” (1 Jn.5:12). ¡Qué grandioso! El apóstol dice que quien edifica -con verdadera fe- sobre el fundamento que es Cristo, incluso si edifica de manera tan deficiente que su obra debe ser quemada por el juicio de Dios, él tal “sufrirá pérdida -no recibirá recompensa- si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego” (1 Co.3:14-15).

    Esto sólo sucederá porque la persona puso su sincera fe sobre el fundamento correcto. Será salva, aunque haya edificado tan mal que no recibirá recompensa por su obra. Sí, incluso si la estructura doctrinal que edificó a partir de Cristo tuviese serios defectos.

    Todas las cosas malas que lamentamos en nosotros, ya sea porque la Palabra de Dios o la conciencia cristiana las reprueban, todo entra bajo la cobertura del continuo perdón de Dios, por los méritos y la defensa de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, en quien creemos. La Palabra de Dios promete esto en muchos lugares.

    La Biblia dice: “Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado”. Solamente en Cristo tenemos gracia eterna. Sí, un reino de gracia que es mayor que todos los defectos que seguimos padeciendo, debido a nuestra naturaleza pecaminosa. Dios nos ha dado a su Hijo para que sea un verdadero Salvador; para que sea el Abogado Defensor de pecadores que existen en la realidad, no en la imaginación. ¡Alabado sea Jesucristo! “Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado”.

    Publicado por editorial El Sembrador