8.Cuando recibisteis la Palabra de Dios que oísteis de nosotros, la recibisteis no como palabra de hombres, sino según es en verdad, la Palabra deDios. 1 Ts.2:13
Teóricamente, muchos dicen creer en la Palabra de Dios, pero en la práctica no la valoran así, ni aceptan que sea realmente la Palabra del glorioso Dios.
Qué cambios habría en el mundo, si la gente aceptaría la Palabra de Dios como lo que efectivamente es: es decir, ¡la Palabra del Dios viviente, del grandioso y todopoderoso Creador! ¡Qué conmoción mundial y que enorme interés habría por la salvación, si la gente tomaría a la Palabra de Dios por lo que realmente es! Qué regocijo y certeza de fe; qué júbilo y alabanzas; qué paz y poder en el Señor; qué firmeza espiritual y cuánto temor de Dios habría ante cualquier desviación, si se aceptase la Palabra de Dios por lo que de veras es: ¡La Palabra del Dios viviente!
¿Cómo es posible que algunos que dicen haber aceptado ya la Palabra de Dios, todavía puedan dudar tanto sobre lo que Dios dice? ¿Cómo es posible que puedan comer, beber, o dormir, si aun no se han reconciliado con Dios ni han recibido de Él la seguridad del perdón de todos sus pecados, la seguridad que nos permite morir en paz en cualquier momento?
Si realmente aceptamos la Palabra de Dios por lo que es, ciertamente creeremos lo que la santa Biblia dice en cuanto al único camino de salvación, en cuanto al juicio final, y en cuanto al cielo e infierno.
Si estás sufriendo bajo el yugo y la esclavitud de la Ley, oye el testimonio de Dios acerca de su Hijo, y créelo, ¡pues lo afirma el propio Dios! ¡Él dice que ha dado a su Hijo unigénito para nuestra expiación! Oye al Hijo de Dios, invitándote tan amablemente: “¡Venid a Mí, todos los que estáis trabajados y cargados, y Yo os haré descansar!” (Mt.11:28). ¿Cómo es posible que sigas estando inseguro y deprimido, si realmente aceptas esa invitación como Palabra de Dios?
Se ve que la mayoría de la gente no acepta la Palabra de Dios por lo que realmente es, porque la Palabra no les arrebata, no les conmueve ni cautiva sus corazones. Además, porque no la escuchan con la profunda reverencia que le tendrían, si sus corazones realmente creyesen y sintiesen que es Dios, Dios mismo, el Señor del cielo y de la tierra, quien les habla.
Cuando una importante persona del gobierno se dirige a la población, con cuánta atención la escuchamos, ¡especialmente si dependemos de su buena voluntad! Si sus palabras contienen un anuncio terrible, como una declaración de guerra, o una condenación a muerte ¡qué angustia se apodera de nuestros corazones! ¿Y por qué? ¡Porque creemos que el anuncio debe tomarse en serio! Y si nos anuncia algo bueno, un acuerdo de paz, un subsidio económico o una promesa de absolución ¡nos alegramos y celebramos!
¿Por qué? Porque creemos que tiene el poder de hacer realidad sus palabras.
Respetamos y valoramos ciertas palabras, y las guardamos en nuestra memoria, tal vez por toda la vida, porque fueron dichas por una persona importante.
Ahora bien, ¿qué ocurriría si aceptásemos la Palabra de Dios por lo que efectivamente es? Pues, ¿qué es un gobernante terrenal en comparación con el Creador, el Rey de reyes y Señor de señores?
Si las palabras de un gobernante terrenal nos pueden llenar de angustia o alegría, de acuerdo a cómo nos afecten, ¡cuánto más deben impresionarnos las Palabras del todopoderoso Dios, y llenarnos de terror o gozo, conforme nos afecte su contenido, si las aceptamos por lo que realmente es! Si sabemos valorar y respetar las palabras de un gobernante terrenal, ¡cuánto más hemos de valorar, respetar y apreciar en nuestros corazones la Palabra de Dios, si de veras la aceptamos como tal!
Si por el contrario, la recibimos en forma descuidada e indiferente, y si su contenido, malo o bueno, ni nos aterra ni nos reconforta, y seguimos tranquilos e imperturbables nuestro camino, la falta sin duda es que no aceptamos la Palabra de Dios por lo que realmente es, es decir, la declaración del excelso Dios. Sí, esa conducta insegura y dudosa, ese vacilar y tambalear entre fe e incredulidad, entre temor y esperanza… o esa conducta fría y despreocupada, ¿acaso no demuestra que no aceptamos la Palabra de Dios por lo que es, es decir, la declaración del Dios viviente?
Que todos los cristianos presten mucha atención y eviten la causa del relajamiento espiritual y del debilitamiento de la fe, del amor y de las buenas obras: No aceptar la sagrada Palabra de Dios como lo que es; no creer que realmente es la Palabra de Dios.
¡Quiera el Señor apiadarse de nosotros, iluminar nuestras mentes y renovar nuestros pervertidos corazones!