7.Si supiese el padre de familia a qué hora el ladrón había de venir, velaría ciertamente, y no dejaría minar su casa.Lc.12:39
Con esta parábola del ladrón, nuestro Señor Jesucristo nos señala el peligro de no estar preparados para su regreso. Desea recordarnos que tenemos motivos para estar preparados en todo momento, como sin duda velaríamos si supiéramos la hora de su regreso. En el versículo siguiente Jesús mismo hace la aplicación de la parábola: “Vosotros, pues, también estad preparados, porque a la hora que no penséis, el Hijo del Hombre vendrá”.
Primero vemos que las palabras de Cristo anulan por completo la ilusión de un nuevo y más glorioso tiempo de gracia, -y no de juicio-, que comenzaría en el mundo con su segunda venida. Tal venida de Cristo no sería tan peligrosa como la de un ladrón. Pero, Él propio Señor afirma que cuando Él vuelva juzgará a todas las naciones. Dice que invitará a los justos a heredar el Reino que les preparó desde la fundación del mundo. A los otros, en cambio, les ordenará que se aparten de Él al fuego eterno, preparado para el diablo y sus ángeles.
La fe apostólica dijo ésto desde el principio: “Ascendió a los cielos, y desde allí vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos”. Por instruidos, piadosos y bienintencionados que fuesen los intérpretes que contradicen las numerosas y explícitas declaraciones de Cristo mismo, -avisándonos que vendrá para el Juicio Final cuando vuelva en las nubes del cielo-, hemos de rechazar y desechar sus fantasías, tal cual lo hacemos con cualquier otro error que contradice las explícitas palabras del Señor.
Nuestro texto también derriba el otro sueño con el que se ilusionan almas ingenuas: que uno puede obtener una buena relación con Dios incluso después de la muerte, si es que no la obtuvo aquí, en el tiempo presente. Cristo derriba la ilusión de que habrá un tiempo de gracia en el mundo de los espíritus. Si fuese así, Él no se mostraría tan ansioso para que estemos preparados para cuando venga. En efecto, serían sólo palabras vacías lo que dice la Escritura en Hebreos 3:7ss: “Si oyereis hoy su voz…” Y en 2 Corintios 6:2: “He aquí, ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación”.
El Señor Jesucristo nos enseña, que el tiempo de gracia llegará a su fin cuando Él venga, ya sea con nuestra muerte o con su regreso visible. Entonces solo quedará el juicio decisivo y la insondable eternidad. Por eso, “¡estad vosotros preparados para cuando el Hijo del Hombre venga!”- dice Jesús-; “preparados” para entrar con Él a las bodas. Quienes no estén preparados y no tengan “aceite” para sus lámparas y pretenden comprarlo en esa hora, quedarán afuera para siempre (Mt.25:1-12). Las vírgenes insensatas clamaron y rogaron: “¡Señor, ábrenos!” Pero ¡no! Ya no hubo más piedad. El tiempo de gracia había llegado a su fin. El propio Señor nos enseña estas cosas. Y también advierte: “Vosotros, pues, también estad preparados, porque a la hora que no penséis, el Hijo del Hombre vendrá”.
¿Es cierto lo que el Señor anuncia aquí? ¿Será cierto que toda gracia llegó a su fin y que la bienaventuranza eterna está totalmente perdida para la persona que no está preparada cuando Él venga, o cuando convoque su alma en la hora de la muerte? No importa lo que piense nuestra razón sobre esto, el hecho es que Jesús lo dijo, y Él es el juez eterno. ¿A quién le creeré, si no le creo a Él?
¡Qué terrible es no estar preparados, aún un momento! ¡Qué terrible es ir a dormir, aunque fuese sólo por una noche, sin la seguridad del favor de Dios! ¿Qué ocurriría si la muerte nos sorprendiera? La muerte muchas veces llega como un ladrón en la noche. Entonces ya no despertaremos en este tiempo presente. Entonces habremos ingresado a la eternidad, sin salvación.
No hay palabras lo suficientemente fuertes para expresar el horror de tal desgracia. ¡O somos salvos, o estamos perdidos para siempre! Es por esa razón que el Señor nos advierte en este versículo.
¿Y qué nos aconseja Jesús para que escapemos de ese horrible destino? Nos advierte: “Estad preparados! ¡Velad!” ¿Y qué significa estar preparados? Significa que seamos hallados “vestidos y no desnudos” (2 Co.5:3). Hemos de estar vestidos con el “vestido de boda” que el Rey nos obsequia (Mt.22:11-12).
Nuestro Salvador Jesucristo advirtió que aun entre los que superaron los inconvenientes de sus “labranzas y negocios”, habrá personas que finalmente serán echadas en “las tinieblas de afuera, donde será el lloro y el crujir de dientes”, porque no tuvieron el arrepentimiento y la fe en Él (Mt.22:5,13).
Es necesario que uno sea despojado de su justicia personal, y pierda toda esperanza basada en su propia piedad. Uno tiene que llegar al grado de no poder arreglárselas sin la justicia de Cristo y sin las palabras de su evangelio.
Si no, “hemos hecho pacto con la muerte” (Is.28:15), con toda seguridad tenemos que tomar estas palabras del Señor a pecho y preguntarnos en su presencia: ¿Es Cristo mi necesidad vital? ¿Su expiación y su justicia son imprescindibles para mí? ¿No sólo sé y entiendo que debiera ser así, sino que también vivo en esa fe? ¿Me siento impulsado por la aflicción de mi pecado a “lavar” realmente mi ropa “en la sangre del Cordero”? (Ap.7:14).
Si te sientes así, ¡póstrate ante tu piadoso Dios y adóralo! Porque en este caso ciertamente estás luciendo “el vestido de bodas” (Mt.22:11).