7 de marzo 2026

    7.Porque aún un poquito, y el que ha de venir vendrá, y no tardará.He.10:37

    ¡Ojalá tomáramos más a pecho lo que la Biblia nos enseña en cuanto a la venida del Señor y la esperanza de la bienaventuranza eterna de todos los cristianos! Ningún cristiano es perfecto; nadie ha hecho todo perfectamente bien. Todos tenemos la necesidad de recibir enseñanza y corrección. Es cierto lo que dice Ap.20:6: “¡Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección!” o sea la persona, que se aflige todos los días por sus pecados y defectos, lamentándolos profundamente y sintiendo grandes penas por ellos; pero también acude diariamente a su Salvador y al Evangelio; ¡el que siempre encuentra allí el aliento, la fuerza, y la vida que tanto necesita! Este sin duda está reconciliado con Dios, su Padre celestial. Y aunque se sienta muy frío en su corazón y hasta tema algún castigo, cuando debiera regocijarse en la bendita esperanza de la gloria prometida, puede confiar en la sublime promesa de salvación. Con toda seguridad finalmente disfrutará la eterna bendición y consuelo.

    El apóstol afirma que la esperanza de la salvación es una importante arma. En 1 Tes.5:8 dice: “Pero nosotros, que somos del día, seamos sobrios, habiéndonos vestido con la coraza de fe y de amor, y con la esperanza de la salvación como yelmo”.

    Si la fe y el amor son importantes, así lo es también la esperanza. La esperanza del glorioso regreso de Cristo es vivificante, consoladora, purificadora y alentadora.

    San Juan dice: “Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como Él es puro” (1 Jn.3:3). Recordando esta gran verdad: que queda poco tiempo, San Pablo quiere levantar los ánimos de los creyentes por encima de este mundo pasajero, a fin de que estén en guardia contra la insensatez de dejarse embrollar por cualquier cuestión terrenal, fuese un dulce placer o una amarga maldad. En 1 Co.7:29-31 dice: “Pero digo esto, hermanos: que el tiempo es corto; resta, pues, que los que tienen esposa sean como si no la tuviesen; y los que lloran, como si no llorasen; y los que se alegran, como si no se alegrasen; y los que compran, como si no poseyesen; y los que disfrutan de este mundo, como si no lo disfrutasen; porque la apariencia de este mundo se pasa…” Recuérdalo, amigo: ¡El tiempo es corto! Si ocurre algo bueno que te lleva a la felicidad, alégrate moderadamente, porque sólo durará poco tiempo y pronto pasará. Si sufres un contratiempo, no te entristezcas demasiado, tampoco durará mucho tiempo. El tiempo es corto. Si tomas mujer en matrimonio, si adquieres una campo, etc. etc., piensa como si pronto vas a dejar ese bien atrás. Cada vez que tu egoísmo natural levante cabeza y pretenda instalar su Paraíso en este mundo, recuerda que aquí todo es vanidad; la vida no durará mucho tiempo. ¡Ah, ojalá esos cristianos que andan tan ocupados en este mundo con sus campos, negocios, y construcciones se detuviesen a tiempo, antes de que se apague la última chispa de vida espiritual en ellos… antes de que el espíritu de piedad se haya ido definitivamente de ellos! Trabaja, sí, pero pregúntate honestamente dónde está tu deleite. ¡No le mientas a tu alma! ¿En qué has puesto tu corazón? ¿En el cielo, de donde esperas a tu Salvador? ¿O en tus bienes terrenales? ¡Sé honesto, di la verdad!

    La bendita esperanza de la salvación eterna, está destinada justamente para servirte de gran consuelo. Tú que tantas veces estás por sucumbir a lo largo de tu camino por causa de interminables dificultades, deprimentes pecados y por la falta de confianza en el Señor; tú que por eso no puedes tener siquiera un sólo día completamente feliz y radiante en tu vida; y tú que diariamente te atormentas y alarmas por la pobreza de tu fe, por tu persistente maldad, por la dureza y la frialdad de tu corazón… tú que te ves afligido por terribles tentaciones, mensajeras del diablo (2 Co.12:7), tú… Nunca olvides que todo eso durará sólo poco tiempo. “Porque aún un poquito, y el que ha de venir vendrá, y no tardará” (He.10:37). “Pónganse de pie y levanten sus cabezas, porque la redención de ustedes está cerca” (Lc.21:28). La espesa y pesada bruma de la incredulidad no sofocará las almas de ustedes para siempre. Esa perversa carne con sus malos deseos, ese impuro corazón con su frialdad frente a la bondad de Dios, con su indolencia, dureza, perfidia e impiedad no mantendrá encadenados sus espíritus eternamente.

    Dios les dio a algunos cristianos grandes dones para el servicio de las almas. Por eso, como soldados de Cristo, son más atacados y atormentados que otros. Desde afuera, por el mundo, mediante mentiras y difamaciones; desde adentro, por el diablo mediante tentaciones incomprensibles, de manera que apenas pueden confiar sus intimidades a alguien en este mundo. Especialmente éstos cristianos jamás deben olvidar la esperanza de la salvación, ¡que debe ser su “yelmo”! Que jamás olviden que hay que aguantar relativamente poco tiempo.

    Pronto el Señor afligirá a los que ahora los afligen, y a los fieles, que ahora son afligidos, les dará eterna gloria, “cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder” (2 Tes.1:7). San Pablo exclama: “Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres” (1 Cor.15:19) ¡Lo mejor y lo más glorioso todavía queda por venir! ¡Veremos a nuestro Rey cara a cara y estaremos con Él para siempre! ¿Vamos a creerle a Jesús cuando nos asegura su gracia para esta vida, y no cuando nos promete las glorias venideras? ¡Dios nos guarde! ¡Ojalá todos los cristianos lo tengamos siempre presente! Ojalá siempre estemos preparados y alertas, con “aceite en nuestras lámparas”, para alegrarnos inmensamente cuando se oiga el anuncio: “¡Viene el esposo! Salid a recibirle” (Mt.25:6).

    Publicado por editorial El Sembrador