6.Yo soy el buen Pastor; el buen Pastor su vida da por las ovejas.Jn.10:11
Estas son palabras tan repetidas y conocidas, que podemos pensar erróneamente que no necesitamos oírlas más. ¿O quién quisiera reflexionar de nuevo sobre ellas? Muchos probablemente comiencen a bostezar durante su exposición.
Y sin embargo es precisamente este tema el que más que cualquier otro puede enardecer un corazón helado, y reanimar a quien está espiritualmente muerto, -si el Espíritu de Dios tan sólo abre sus sentidos. Por favor, detente un momento y medita en lo que el Señor Jesucristo mismo dice aquí: “Doy mi vida por las ovejas” (v.15b).Tal vez no tengas paz ni gozo en la vida, eres espiritualmente frío e infeliz, no tienes un pecho amante y compasivo en donde apoyar tu intranquila cabeza. Pero aquí podemos indicarte con toda certidumbre dónde y cómo obtener calor, felicidad y paz para tu alma. Pues bien, ¿cómo ocurre? ¡Escucha! Fija tu mirada y atención en el rostro de tu Salvador cuando dice: “Yo soy el buen Pastor. El buen Pastor su vida da por las ovejas”. Si tan sólo puedes abrir tu corazón a eso, sin duda comenzarás a sentirte poderosamente atraído a ese buen Pastor. Sí, y disfrutarás una inexplicable paz y felicidad.
Invoca a Dios para que en su piedad te dé un espíritu humilde y atento, y que te abra los sentidos cuando oyes al Señor pronunciando esas palabras. Piensa en quién es el que te está hablando así. Ten en mente que es Aquel a quien invocas en oración, tu Salvador.
Míralo, entonces, y escúchalo cuando te dice: “Yo soy el buen Pastor; el buen Pastor su vida da por las ovejas”. ¿No notas la profunda y entrañable piedad que siente también hacia ti, cuando te habla así? ¿O todavía piensas que realmente puede permanecer tan frío e indiferente hacia ti, como lo juzga el corazón duro e incrédulo? Entonces recuerda estas palabras y repítelas en oración, y cuando tu corazón esté angustiado con las más apremiantes y penosas preocupaciones, y quieres lamentarte por ello ante tu Salvador; cuando parece que Él no te demuestra ningún amor, entonces trata de evocar este cuadro de Él y mírale a los ojos cuando dice: “Yo soy el buen Pastor. El buen Pastor su vida da por las ovejas”.
Y hasta ahora es solo su Palabra lo que hemos tenido en cuenta. Piensa luego en el propio hecho aquí mencionado: su abnegado sufrimiento y su amarga muerte, y permite que las palabras: “El buen Pastor su vida da por las ovejas” estén todo el tiempo delante de ti, explicándole a tu alma todo lo que ves. Mira cómo se entrega al poder de las tinieblas por su propia, libre voluntad, y cómo les dice a sus captores que lo buscaban en el Huerto de Getsemaní: “Si, pues, me buscan a Mí, dejen ir a estos” (Jn.18:8). Es el cumplimiento de ese otro dicho: “El buen Pastor su vida da por las ovejas”.
Mira cómo sale sin protestar, como “cordero llevado al matadero” (Is.53:7), al lugar de la crucifixión, y se deja horadar las manos y los pies con clavos, para ser colgado en el árbol de la cruz.
Y viéndolo ahí, entregando realmente su espíritu, escucha nuevamente su propia declaración: “El buen Pastor su vida da por las ovejas”. ¿Puedes entonces desconfiar aún de su amor hacia sus ovejas? ¿Te atreves a confiar aún más en tu corazón oscuro y mentiroso y en el diablo, que te dice: “Para Cristo eres indiferente; no le importa tu desgracia; espera que superes tu adversidad por ti mismo; que la oveja se defienda a sí misma contra el lobo…” etc.? Ah, por favor, repudia esas tenebrosas inspiraciones del diablo, y deja siquiera por una vez, que tu Salvador muestre lo que es, el eterno y maravilloso benefactor, que ni siquiera pudo soportar que la gente en el desierto sufriese hambre (Mr.8:2;Mt.14:13ss), o que un tullido tuviese una mano seca (Mt.12:9ss) ¿Cuánto menos podría tolerar entonces que tu alma sufra pena y peligro, sin hacer algo por ella, siendo que Él vino al mundo expresamente para la salvación de las almas? Cuando considero que toda la persona de Cristo y toda su obra en este mundo es la gran demostración de un amor y de una bondad inconcebible hacia la pobre humanidad; y cuando veo cómo Él mismo quiso que lo interpretásemos, al decir (Jn.15:13): “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos”, pues bien, entonces ciertamente tengo razón para concluir que nada de lo que por mí mismo pueda experimentar, ver, sentir y pensar en sentido contrario puede ser igualmente cierto que lo que Cristo me demostró con el sacrificio de su vida.
Si entonces me trata en la forma más extraña y preocupante imaginable, y me abandona al propio diablo y a cualquier mal por todo el tiempo que le plazca, con todo eso todavía tengo la seguridad de que en Él debe latir –ocultamente- un corazón que está ardiendo y se está desangrando de amor por mí. Y mientras todavía disfruto del día de la gracia puedo refugiarme en la misericordia del Señor.
Si bien no dejo de juzgarme, teniendo mi consuelo en el perdón de mis pecados, Él de ningún modo puede rechazarme ni abandonarme. No, tan cierto como que el Señor Jesucristo no puede mentir, es que hay gozo en su corazón por una sola oveja recuperada. En resumen: Por medio de esta irrebatible prueba del amor de Cristo: la entrega de su persona y de su vida por nosotros, Él se merece tanta fe de ti, que luego puede hacer contigo lo que quiera, sin invalidar su gran amor por ti. Al contrario, solamente puedes esperar que confirme su misericordia para contigo. Es de esa forma como nos deben beneficiar las palabras de Jesús: “El buen Pastor su vida da por las ovejas”. Por más dificultades que nos presionen, amenacen, horroricen y atormenten, podemos confiar sinceramente en el amor y la fidelidad del buen Pastor. Y acudir sólo a Él, que tan fervientemente desea y puede rescatar todo lo que está perdido.