6.Honra a tu padre y a tu madre… para que te vaya bien y seas de larga vida sobre la tierra.Ef.6:2-3
Generalmente, la felicidad está relacionada con la obediencia al cuarto Mandamiento. Esto se puede explicar como una consecuencia natural, debido a causas normales.
Por el otro lado, la desdicha, desasosiego, angustia y a veces inclusive la muerte prematura, puede ser una consecuencia natural de la desobediencia a este Mandamiento. Cuando nadie quiere obedecer o someterse a sus superiores, y todos quieren mandar e imponer su voluntad, tienen que producirse conflictos, enemistades y muchos otros males.
En el hogar en el que los hijos se rebelan contra sus padres, o en la empresa en la que los empleados se alzan contra su jefe no queriendo obedecer, habrá discordia, conflictos y peleas ¡que llevarán al derrumbe familiar y a la ruina! Lo mismo ocurre en el país en el que abunda la rebelión contra las autoridades. Pero donde las personas se subordinan a las ordenanzas del Señor, obedecen humildemente a sus padres y autoridades y piensan en cumplir sus obligaciones en el lugar y en la situación en que el Señor las ha colocado, allí abundan las bendiciones, el bienestar y la paz. Así, pues, la felicidad terrenal normalmente depende de la observancia del cuarto Mandamiento.
Sin embargo, quien no ve nada más que razones naturales como causas de la felicidad terrenal, tiene la mente más oscurecida que un pagano. Entre nosotros vive y reina un Dios, que conoce y dirige tan cuidadosamente las vidas de sus criaturas, que no cae a tierra ni siquiera un pajarillo, sin su voluntad (Mt.10:29). Y cómo Dios ha dado un Mandamiento, y le adjuntó una promesa y una amenaza, nuestro bienestar ya no depende sólo de consecuencias naturales. Es una decisión de Dios que quienes honran debidamente a su padre y madre, reciban bendiciones terrenales. Y es también su voluntad que caiga una maldición especial sobre el transgresor de este Mandamiento.
Entre todas las distintas observaciones que hemos hecho en nuestras vidas, hemos visto ejemplos y pruebas de que existe un factor sobrenatural, algo curioso, un misterioso gobierno del destino de los hombres. Por ejemplo, existen personas con pocos talentos y sin capacidad para adquirir un capital terrenal; sin embargo, gracias a un privilegio especial y a una disposición de Dios, llegan a acumular una apreciable fortuna aquí en la tierra.
Por el otro lado, hay otros altamente capacitados, con grandes dones para progresar, pero constantemente sufren accidentes y reveses, o tienen que ver desaparecer todos sus bienes y posesiones sin ningún motivo visible, de modo que nadie sabe decir cómo ocurre esto. Entonces todos comienzan a ver algo extraño en ello, algo que habla de la bendición o maldición de Dios.
Sí, cuántas veces queda de manifiesto ante los ojos de los hombres, que tanto la prosperidad como el desastre, ¡están relacionados con la conducta hacia los padres! De manera que vemos allí la verificación de la promesa o de la amenaza del cuarto Mandamiento. Este Mandamiento conecta nuestro bienestar temporal con nuestra relación con los padres. Bien dijo un destacado predicador: “Hay algo incomprensible, que corre silenciosamente y sin ostentación, pero al mismo tiempo poderosa y maravillosamente a través del destino de los hombres. Muchas veces parece desvanecerse, pero entonces de pronto vuelve a relucir. No es un factor humano. Es algo sobrenatural. Es la bendición o maldición de los padres, según el caso”.
En efecto, cuántas veces habremos visto cumplidas al pie de la letra las palabras: “El ojo que escarnece a su padre, y menosprecia la enseñanza de la madre, los cuervos de la cañada lo saquen, ¡y lo devoren los hijos del águila!” (Pr.30:17). Es el caso del hijo rebelde y malvado, que muere por ahí y queda sin sepultura cristiana, por culpa de su persistente e irrefrenable perversidad.
Muchas veces ocurre lo que dijo Lutero: “El hijo que no quiere oír la bondadosa voz de sus padres y maestros, oirá la severa voz de su verdugo, que habla con tanta violencia, que separa la cabeza del cuerpo”. Al omnipotente Dios ciertamente no le resulta difícil dominar al hijo o la hija que con impúdica ligereza desprecia el buen consejo de sus queridos padres, maestros o de otra gente experimentada en la vida. Aunque entonces, cuando Dios proceda, será en forma menos amable…
Dios quiere conservar su dominio sobre el hombre. Para eso puso a los padres, patrones, autoridades y maestros como sus representantes. Si no queremos escucharlo a Él a través de ellos, la dura realidad nos lo enseñará. Nos guste o no nos guste, Él ciertamente cumplirá su palabra. Si obedecemos y respetamos a las personas que colocó sobre nosotros, nos lo recompensará abundantemente, con toda clase de beneficios.
En cambio, si no lo queremos oír y ver en ellos, Él nos alcanzará con accidentes, maldición y muerte. Lutero continúa diciendo: “Si despreciamos la Palabra y los Mandamientos de Dios, como si hubiesen sido pronunciados por un tonto, pensemos si también somos capaces de vivir sin los beneficios de Dios. Sin dudas, nos conviene tener un Dios piadoso y gozar de su paz y de su bendición, y no vivir con su desagrado y maldición”.