5.Porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios.Ro.10:3
Esto ocurre de diferentes maneras, de acuerdo al grado de iluminación o ignorancia de las personas. Los judíos pensaban que eran justos sólo por hacer ciertas obras externas, ordenadas en la ley: Sacrificios, oraciones, ofrendas y conducta decente. Se creían justos por no ser consumados asesinos, adúlteros o ladrones.
La gran mayoría de la gente en la actualidad también piensa que eso es suficiente para hacernos justos, o al menos más aceptables ante Dios. Por su parte, quienes han comprendido mejor la santidad de Dios, suelen agregar algo más. Dicen, por ejemplo, que quien ama a Dios y respeta su Palabra debe santificar el día de reposo. Otros que han sido más iluminados exigen que uno se convierta del amor al mundo y viva espiritualmente, arrepintiéndose y dejando de lado todo pecado; que vele en la fe, ore y rechace las concupiscencias de la carne, creyendo en Jesús. (Pero para estas personas “creer en Jesús” es una obra meritoria). Algunos incluso participan de actividades espirituales con el único objetivo de establecer su propia justicia. Cuando uno elige una manera de salvarse a sí mismo y está empeñado en ello, muestra que aún no ha muerto para la ley.
¿Es que todos los que se empeñan en hacer buenas obras como las mencionadas buscan establecer su propia justicia? No necesariamente, porque dichas obras también pueden hacerse como resultado de la verdadera fe. Los actos en sí no significan que se esté intentando alcanzar la auto justificación; pero son parte de la auto justificación cuando se afirma que dichas obras son el camino de salvación, y se busca consuelo en ellas. Es así, aunque al mismo tiempo se afirme creer firmemente en Jesús y en su sacrificio. En ese caso, la profunda esperanza en nuestra justicia aún no ha sido aniquilada por la ley de Dios. Si así fuera, hubiésemos aprendido a considerar nuestras mejores obras piadosas “pérdida y basura” ante los ojos de Dios, en lo que respecta a nuestra justificación (Fil. 3:8). Hubiésemos aprendido también a pedir perdón por nuestras mejores obras, porque aún ellas están contaminadas por el pecado. Si la profunda esperanza en nuestra propia justicia aún no ha sido eliminada, y recurrimos a estas prácticas piadosas buscando descanso y consuelo contra el pecado, entonces toda esa “piedad” indica auto justificación.
Es muy diferente cuando alguien se desespera totalmente de sí mismo, de su propia piedad y de sus fuerzas; cuando se juzga y desaprueba a sí mismo, considerándose en falta en todos los aspectos; cuando tiene su consuelo solamente en la obra y la obediencia de Cristo, en los sufrimientos y las oraciones del Salvador, y está motivado solamente por la libre gracia de Dios para hacer el bien. Entonces sus obras serán frutos del Espíritu, y agradarán a Dios.
No digo que los creyentes estén libres de todo intento por auto justi ficarse.No, claro que no. Pero sus intentos por auto justificarse no son el medio de salvación que han elegido, sino una tentación y un tormento. Y enfrentan estas tentaciones del mismo modo que enfrentan las demás tentaciones y pecados.
O sea, las rechazan y evitan. Pero en nuestro texto, el apóstol no se refiere a una auto justificación que es una tentación. No, se refiere a personas que intencionalmente tratan de presentarse ante Dios con su justicia propia, y así, no se sujetan a la justicia que proviene de Dios: La justificación por los méritos de Cristo, que se recibe por medio de la fe.
Cuando alguien deliberadamente intenta justificarse por medio de sus méritos, todavía no conoce cuán profunda es la corrupción de nuestra naturaleza, ni comprende que Dios nos exige perfecta santidad. No quiere reconocer que Dios demanda un corazón santo; sólo se fija en las apariencias, y de esa manera puede llegar a parecer justo, ante su propia opinión.
¿Quieres saber cómo tener el consuelo de que eres “justo y bueno”? Pues, sólo tienes que ser tan hipócrita, como para dejar de fijarte en tu corazón, sin que te importe si siempre es bueno, limpio, humilde, manso y lleno de amor. Tienes que prestar atención sólo a tus buenas obras; así podrás llegar a ser tan “bueno” como para consolarte con tu propia justicia. Y de esa manera te habrás convertido en un fariseo…
Pero si Dios realmente ha estado hablando a tu alma, de manera que estás ansioso por ser completamente santo y justo ante Él, incluyendo a tu corazón, -y en todo momento-, entonces nunca estarás satisfecho contigo mismo en este mundo. No, porque comprenderás que tu pecado es tan terrible, poderoso, abundante y abominable, que no sabrás a donde escapar. Y más de una vez estarás al borde de la desesperación, a pesar de toda la gracia que se te ofrece en el Evangelio. Ya no te considerarás a ti mismo ni justo ni santo, sino un pobre pecador, que constantemente necesita la gracia de Dios.
Siempre necesitarás a tu Salvador, su rescate y su defensa. Así, sí es un cristiano.