4 de octubre 2026

    4.Porque si vivís conforme a la carne, moriréis.Ro.8:13

    El apóstol pronuncia una sentencia -en forma muy simple y clara-, sobre todos los que viven según la carne. Con esto quiere despertar y hacer reflexionar especialmente a aquellos que, bajo el pretexto de la libertad evangélica, quieren seguir complaciendo las codicias carnales. El apóstol se dirige aquí a un grupo de cristianos y quiere despertarlos, si es posible, de esas equivocadas suposiciones, a fin de que no acaben yendo a la muerte eterna, en vez de ir a la vida eterna, como pensaban. “No corresponde en absoluto –si me permiten decirles- que ustedes, que fueron salvados del pecado y de la muerte y tienen parte en el Reino de Gracia de Cristo, sigan en su vida carnal anterior. Y si lo hacen, no deben pensar que es posible seguir con esa conducta, y al mismo tiempo ir al cielo. ¡No! Porque con toda seguridad van a terminar en la muerte eterna”. Los méritos de Cristo ciertamente no les servirán a los que quieren perseverar en sus pecados. El beneficio de la muerte de Cristo ha sido dado sólo para servir a los que desean ansiosamente librarse de sus pecados, y se reconocen incapaces de deshacerse de ellos por sí mismos. Pero es necesario entender bien qué significa “vivir conforme a la carne”. El corazón del hombre, generalmente quiere interpretar esa expresión únicamente como una vida totalmente degenerada, llena de graves vicios. Por el otro lado, a las almas serias y temerosas de Dios les asusta la posibilidad de que cualquier debilidad o pecado sea considerado como una vida “conforme a la carne”.

    Por otro lado, algunos intérpretes se expresaron en forma demasiado vaga y descuidada al explicar estas palabras. Y eso es particularmente peligroso, cuando se trata de un asunto de vida o muerte, como en este caso.

    ¿Qué significa entonces “vivir conforme a la carne”? Primero vamos a notar que “carne” no se refiere a un pecado o deseo particular, sino a toda nuestra depravada naturaleza, tal cual es desde nuestro nacimiento de nuestros padres. Como bien lo dice Jesús: “Lo que es nacido de la carne, carne es” (Jn.3:6). Oyendo esto alguna gente podría decir: “Vivir conforme a la carne es darle libertad a la carne, para hacer lo que le guste”. Esto es verdad, pero está expresado en forma tan vaga, que fácilmente se lo puede malentender.

    Difícilmente existe alguien tan malo, que no luche de una u otra forma contra su carne. Esa persona podría pensar: “No le doy a mi cuerpo plena libertad; por eso no estoy viviendo conforme a la carne”. Por otra parte, no existe cristiano que no tenga que confesar, arrepentido, que él todavía peca en palabras y hechos. Y eso siempre significa que la carne todavía tiene algo de libertad.

    Por eso necesitamos una definición más precisa de este tema. Quienes interpretaron este texto con criterio cristiano y en forma más detallada, muchas veces dijeron: “Si los cristianos se descuidan y le dan lugar a lo carnal, pueden morir espiritualmente, porque el pecado produce sueño espiritual, endurecimiento, incredulidad y desesperación”. Es verdad que ésta es una interpretación cristiana. Pero no obstante existe todavía otra interpretación, que sin duda es más acertada aún. Las palabras del apóstol son mucho más definidas que la interpretación mencionada arriba.

    Es terriblemente peligroso despreocuparse y darle lugar a lo carnal. Pero eso no es lo mismo que “vivir conforme a la carne”. Según la forma de hablar del apóstol, la palabra “moriréis” significa algo más que “moriréis espiritualmente”.

    De otros pasajes en los que el apóstol emplea ese mismo lenguaje amenazador con cristianos, sabemos que con eso, pronuncia una verdadera sentencia de muerte contra ellos; les anuncia la muerte eterna como paga del pecado. La misma forma de hablar del apóstol es la principal razón para esta interpretación.

    Como la palabra “vivir” en “vivir conforme a la carne” no significa olvidarse de su condición de cristianos sólo ocasionalmente, sino llevar toda una vida o conducta conforme a la naturaleza caída y carnal. Así “vivir conforme a la carne” debe significar lo mismo que “andar conforme a la carne” (Ro.8:4), o sea, complacer a la naturaleza caída, o a los instintos carnales, tanto con la mente como con la conducta. Pero sabemos que también es posible desviarse hacia el lado derecho, o sea, hacia la autojustificación o autosuficiencia por las obras de la Ley. Como la caída de los Gálatas de los cuáles el apóstol dice: “De Cristo os desligasteis, los que por la Ley os justificáis; de la gracia habéis caído” (Gá.5:4). Y acerca de esta misma caída, comenta un poco antes: “¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora vais a acabar por la carne?” (Gá.3:3).

    Pero a veces la caída es hacia la izquierda, hacia la impureza, hacia la práctica del pecado. Acerca esto, dice San Pedro que, “quienes se habían escapado de las contaminaciones del mundo, por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, enredándose otra vez en ellas son vencidos, y su postrer estado viene a ser peor que el primero” (2 P.2:20). Buscaron un consuelo falso para su pecado, y comenzaron a vivir conscientemente en el mismo, como lo hizo Judas. En ese caso siempre tienen la misma característica que él: No le confiesan más su pecado al Señor ni procuran su redención, sino que le profesan lealtad al pecado y lo defienden. O viven bajo una desesperación oculta, porque pisotearon su buena conciencia y naufragaron en la fe, no acercándose más al trono de la gracia (1 Ti.1:19). Todas estas cosas se llaman “vivir conforme a la carne” y son algo muy diferente a “ser llevado cautivo a la ley del pecado que está en nuestros miembros” (Ro.7:23); un estado en el que el Espíritu aun lucha contra la carne, y nos permite “dar gracias a Dios por nuestro Señor Jesucristo” (v. 25).

    Publicado por editorial El Sembrador