4 de julio 2026

    4.Y le dijo: Amigo, ¿cómo entraste aquí, sin estar vestido de boda?Mt.22:12

    En el capítulo 22 de Mateo Jesús habla del “reino de los cielos” y se refiere al Reino de la Gracia, a su Iglesia aquí en la tierra. Él dice: “..es semejante a un rey, que hizo la fiesta de boda a su hijo”(v.2); invitó a muchos, pero la mayoría despreció la invitación y presentó alguna excusa. Uno no pudo venir por causa de su labranza, otro por causa de sus negocios, y un tercero por causa de su mujer. Sin embargo, no todos despreciaron el llamado. Muchos lo aceptaron, de modo que la casa se llenó de invitados.

    Pero Jesús enseña que entre los que aceptaron la invitación, y que vinieron a la fiesta de bodas, y se sentaron a la mesa, había una persona que no vestía ropa de fiesta. Estaba sentado ahí vistiendo sus propias ropas. Y sólo por eso le ataron pies y manos y lo echaron en las tinieblas de afuera (v.13). ¿Qué significa eso? ¿Qué nos quiere enseñar el Señor con eso? ¿Acaso esa persona no había aceptado la invitación? No la había despreciado, ya que fue a la boda.

    Estaba sentado a la mesa de boda con los otros felices comensales. Eso significa que hay personas cuyos corazones obedecieron al llamado del Espíritu Santo, de modo que comenzaron a buscar los medios de la bienaventuranza eterna. Abandonaron sus antiguos “caminos”, su anterior vida libertina y compañía impía, y se unieron a la comunión, al culto y a las costumbres de los creyentes Leen y oyen la Palabra de Dios. Le cantan alabanzas. Acompañan a los creyentes en la oración y devoción. Colaboran en actividades cristianas. En fin: Cooperan con los creyentes en todo lo que solemos identificar como una religión más auténtica que la de la mayoría de la gente, que es indiferente con Dios.

    Pensamos que esa persona no es como esa multitud indiferente, ni como los que oyen el llamado, pero no lo aceptan ni van a la fiesta. Los gentiles que no tienen el Evangelio aún no recibieron el llamado. Así que aquel hombre sin la ropa de boda es una persona religiosa. Representa a gente religiosa dentro de la iglesia de fieles creyentes, porque no despreció la invitación, y estaba sentado a la mesa con los demás comensales. Pero le faltaba algo tan importante, que por culpa de eso la ataron y echaron a las tinieblas de afuera.

    Las cinco vírgenes insensatas en Mt.25:3, que esperaron al esposo sin proveerse de suficiente aceite, simbolizan exactamente la misma clase de gente que la persona de nuestro texto. En Mt.25 Jesús dice que “el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes que, tomando sus lámparas, salieron a recibir al esposo”. Durante todo el tiempo que esperaron al esposo no se notó ninguna diferencia entre las vírgenes prudentes y las insensatas. Todas eran vírgenes.

    Todas llevaban lámparas. Todas salieron a recibir al esposo. Todas esperaban el feliz momento de la entrada al salón de fiesta. “Y a la medianoche se oyó un clamor: ¡Aquí viene el esposo! ¡Salid a recibirle!” Y sólo entonces se puso de manifiesto que a la mitad del grupo le faltaba aceite, por lo que sus lámparas se apagaban. Y por eso fueron excluidas de la fiesta…

    Jesús enseña lo mismo en forma más dramática aún en Jn.15:2-6, cuando dice: “Todo pámpano que en mí no lleva fruto, mi Padre lo quitará; y todo aquel, que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto”. ¡Ojalá todos reflexionasen en el significado de esto! Y en Mateo 7:22 Jesús enseña claramente cuánto puede hacer una persona en su Nombre, sin ser honesta. Puede profetizar, puede hacer muchos milagros y echar fuera demonios; en fin, puede hacer cosas impresionantes. Del ángel (pastor) de la iglesia de Sardis, dice en Apocalipsis 3:1 que su enseñanza y vida daban la impresión de que tenía una fe viviente, aunque no era así: “Tienes el nombre de que vives, y estás muerto”.

    ¿A quién no le da miedo pensar en sí mismo, al oír tales palabras de Cristo? En efecto, al oírlas, cristianos muy honestos, espiritualmente ricos, muchas veces sintieron gran temor ante la posibilidad de estar engañados. Y clamaron con vigor y fervor: “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame, y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno” (Sal.139:23-24). ¿Serás tú el único que no necesita sentir ese temor? ¿No te hará falta también a ti prestar atención a la seria advertencia de Cristo?

    Veamos ahora qué era lo que le faltaba a esa gente religiosa que termina tan mal: La ropa, o “el vestido de boda.”. El rey preguntó: “Amigo, ¿cómo entraste aquí sin estar vestido de boda?” (Mt.22:12). En Apocalipsis 19:7ss. Leemos:

    “Alegrémonos…, porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado. Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos”. En Apocalipsis 7:13 se nos aclara en qué consiste la “justicia de los santos”. Ahí se formula la pregunta: “¿Quiénes son éstos, que están vestidos de ropas blancas, y de dónde han venido?” Y la respuesta es: “Estos son los que han salido de la gran tribulación, y han lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la sangre del Cordero. Por esto están delante del trono de Dios”. Y al Pastor tibio de Laodicea el Señor Jesucristo le dice: “Te aconsejo que de Mí compres…vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez” (Ap.3:18).

    Entonces, los que fueron a la boda, y se sentaron a la mesa vestidos con sus propias ropas, y no con el vestido de boda que les ofreció el Rey, son las personas religiosas que, con mayor o menor entusiasmo, aún siguen confiando en su propia piedad y justicia. Todavía no reconocieron su verdadera pecaminosidad y perdición. Todavía no se despojaron de su propia, falsa piedad, ni se vistieron con la perfecta justicia de Jesucristo, su Redentor.

    Aún no aprendieron a confesar, desde lo más profundo de su alma y con toda humildad: “Sólo por la muerte de Jesús, el Cordero de Dios; y sólo por medio de su sangre soy salvo, santo y justo”.

    Publicado por editorial El Sembrador