31.En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados.Col.1:14
Si alguien pregunta: Siendo que no todos son salvos, ¿cómo puedo saber que Dios me perdonó y me concedió su gracia a mí? La respuesta es: Hay que pensar en la fe gratuita, en Dios y en su Palabra, creyendo en la gracia que Dios extendió por medio Cristo a todos, inclusive a los impíos, y aceptándola para ti. Con eso obtendrás una gracia que no todos poseen.
¿Y cuál es la gracia que poseen todos, inclusive los impíos? Es tener disponible la reconciliación con Dios, el perdón de los pecados al alcance de todos, esperando solo que los pecadores se arrepientan y lo reciban. ¿Y qué es entonces, lo que no todos poseen? No todos tienen su propio corazón reconciliado con Dios; no todos tienen la fe que recibe el perdón ofrecido por Dios y que produce la nueva vida espiritual.
¿Dónde está escrito eso? En 2 Co.5:19-20 dice: “Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. Así que somos embajadores en Nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en Nombre de Cristo: ¡Reconciliaos con Dios!”
En Ro.5:10 dice: “Siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo”. Y en Col.1:14 leemos: “En Jesucristo tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados”. En Zac.3:9: “He aquí aquella piedra (Cristo)… Yo grabaré su escultura, dice Jehová de los ejércitos, y quitaré el pecado de la tierra en un día”. Y en Gá.3:13: “Cristo nos redimió de la maldición de la Ley, hecho por nosotros maldición porque escrito está: Maldito todo el que es colgado en un madero”.
Es así como habla la Escritura. Ahí está claramente declarado que en Cristo Dios reconcilió consigo no solo a los que creyeron, sino a todo el mundo; y que la propiciación significa que no les atribuye más sus pecados. Esto ocurrió cuando murió Cristo, y no en nuestra conversión. Dios ahora invita a los hombres a que reciban esa reconciliación; los llama para que la acepten.
Esto es todo lo que hace falta. En Ro.5:10 dice, que “fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo”, no por nuestro arrepentimiento, conversión, santificación, sinceridad, devoción o fe. Nada de todo esto efectúa nuestra reconciliación, que fue hecha solamente por Cristo. Lo único que hace falta es que recibamos la reconciliación ya existente. Más claro dice aun, en Ro.5:10 “Siendo nosotros aún enemigos…”
La reconciliación se produjo, no cuando nosotros nos volvimos amigos de Dios, sino cuando Cristo murió en la cruz.
Y según Col.1:14, la redención que se ofreció cuando Cristo derramó su sangre, equivale al perdón de pecados. O sea, que se obtuvo el perdón y fueron quitados todos los pecados del mundo, cuando Cristo, la principal piedra del ángulo”, fue derribada (1 P.2:6). Y en Gá.3:13 dice que “Cristo nos redimió de la maldición de la Ley” el día y el momento en que fue hecho maldición por nosotros, lo que ocurrió cuando lo alzaron en la cruz. ¡Ah, qué ceguera más terrible la del mundo, al no ver lo que ocurrió en esa cruz! ¡Al no saber lo que se obtuvo allí! ¡Al no comprender la historia de la humanidad! Al ignorar que la humanidad fue redimida, rescatada y liberada de todo su pecado, del dominio de la muerte y del poder del diablo, de igual manera y tan cierto como que una vez cayó en esa desgracia.
Recuerda que este perdón de pecados, esta redención está disponible para todo ser humano, piadoso o impío, fiel o infiel. Más allá de cómo eres, debes saber que Cristo quitó todos tus pecados, los borró, los eliminó con el perdón, los arrojó en las profundidades del mar. Y esto lo hizo al morir en la cruz.
Si aún eres condenado y te pierdes en el infierno, no será por culpa de tu pecado, sino por culpa de tu incredulidad, con la que te mantienes alejado de Dios. Si en cambio deseas volver a Dios, a ser su amado hijo y disfrutar de su gracia, ya no hay nada que te lo pueda impedir. Eres bienvenido en todo momento, como dice el propio Señor: “Al que a Mí viene, no le echo fuera” (Jn.6:37).
Nadie está excluido. “Porque todo aquel que invocare el Nombre del Señor, será salvo” (Ro.10:13). Sea quien fuere, “aunque sus pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; aunque fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana” (Is.1:18).
Son las palabras del misericordioso Señor en persona. Así que no hay excepción, porque la expiación se hizo por todos los pecados. Todo el mundo fue reconciliado. Si alguien está afligido por sus pecados y no tiene la seguridad del perdón, la falta está en no creerle a Dios, en no tomar en serio sus promesas. Así uno se niega a aceptar lo que Cristo obtuvo y lo que Dios nos asegura en el Evangelio. Y con eso hace a Dios mentiroso, lo que es gravísimo.
Si en cambio tú le crees a Dios, pero no consigues depositar toda tu confianza en su Palabra, Dios te dará más fe, y con eso obtendrás el testimonio dentro de ti, que todos tus pecados han sido efectivamente quitados, que te has enteramente revestido de los méritos de Cristo y eres un amado hijo de Dios.