31 de julio 2026

    31.Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos.He.12:8

    Dios es incomprensible, lleno de amor y cuidado. Esto es lo más seguro en este mundo, ¿Entonces, cómo es posible que los hijos de Dios en esta tierra, tengan que soportar sufrimientos? Si, aquí se esconde la sabiduría y los pensamientos de Dios, algo que nos tiene que ser revelado.

    Cuando Él abre nuestros ojos para ver lo que está escondido en los sufrimientos de los hijos de Dios, llegamos realmente a amarlos y alegrarnos por ellos. Si, entonces entenderíamos que esto es el más precioso mensaje de nuestro Padre celestial. Entonces recibiríamos esto como un saludo cariñoso de Él, como diciendo: “Tengan ánimo, pronto llegarán al cielo, ¿No saben que yo les estoy preparando para esto cuando estoy haciendo morir su carne? ¿No sienten que yo ya les estoy preparando para el cielo mediante la purificación? Con las pruebas estoy limpiando su cuerpo. Esto lo hago con una meta. Pueden estar seguros de que yo realmente voy a cumplir lo que he pensado”. Esta verdad es tan clara que aún los ciegos espirituales pueden verla. La gran verdad, es que Dios realmente ha preparado un cielo para sus hijos.

    A menudo en esta vida nos parece que Dios trata a los justos en forma muy dura, como si hubieran cometido los hechos de los injustos. Y el injusto solamente experimenta lo bueno, y parece tener una vida sin problemas en este mundo.

    Las personas más sabias en este mundo admiten que Dios ha creado un mundo totalmente perfecto. Por eso entienden que Dios debe ser bueno y justo. De esto sacan la conclusión de que debe venir una nueva era, cuando todas las diferencias se acaben. En ese tiempo Lázaro ha de recibir todo lo bueno y el hombre rico todo lo malo que le corresponde.

    Otros entienden que todo el sufrimiento de los hijos de Dios no es otra cosa que el trabajo del Espíritu Santo para mortificarnos y perfeccionarnos. Ellos han visto con sus propios ojos lo que el apóstol nos dice aquí: “…pues quien ha padecido en la carne, terminó con el pecado” (1 P.4:1b).

    Tenemos que entender que el viejo hombre con sus deseos y codicias, se debilita con las persecuciones y sufrimientos.

    Efectivamente, Dios hace morir nuestro pecado y obra nuestra santificación. ¿Qué sucedería con todo nuestro cristianismo, con toda la obra del Espíritu en nuestra alma, si Dios no nos disciplinaría mediante el yugo del sufrimiento? Si la vida va bien y sin problemas, nos volvemos más carnales y mundanos y fácilmente nos dormimos. ¿Cómo podemos salir de las pruebas de la fe y ser fortalecidos sin las persecuciones? Las pruebas más grandes, las experimentamos cuando no entendemos el propósito de Dios, cuando estamos lejos de su presencia. Dependemos totalmente de Dios que es verdadero y todopoderoso, ya que si tenemos todo lo necesario, no es necesario orar. Si no necesitamos ayuda, tampoco hay necesidad de buscarla.

    ¿Cómo llegaríamos a ser piadosos, si Dios de vez en cuando no nos mostraría su ira? ¿Cómo podríamos ver y recibir la gracia del Señor, si estaríamos libres de nuestros pecados? ¿Podemos nosotros mismos librarnos de nuestra maldad? ¿Y habría amor y humildad sin las humillaciones de Dios? Lastimosamente el crecimiento en lo bueno se desarrolla muy lento en nosotros. ¿Y aún como sería sin el castigo de Dios? Es necesario que Dios cada momento nos despierte con sus pruebas y aflicciones para ver y entender sus caminos para con nosotros. Nos trata de esta manera para crecer en lo bueno. Esto es la santificación. Él desea evitar que caigamos y lleguemos a morir espiritualmente, y que el pecado sobreabunde en nosotros.

    Todos los santos del tiempo de la Biblia, y todos los hijos verdaderos en el día de hoy, tienen que pasar por el castigo de Dios mediante pruebas, sufrimientos y enfermedades, esto es parte del plan de Dios para nosotros. El apóstol dice: ”Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, ni desmayes cuando eres reprendido por Él; Porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo aquel que recibe por hijo. Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquél a quien el padre no disciplina? Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos” (He.12: 5b-8).

    Estas palabras son muy claras. Nos dicen inequívocamente que todos los hijos de Dios necesitan la disciplina. Si estás sin disciplina, viviendo libremente según tus propios deseos, es una señal clara que tú eres un “bastardo”, y que no eres hijo verdadero.

    Al mismo tiempo entendemos perfectamente que los bebés no necesitan todavía disciplina. Ellos con seguridad son guiados por el Espíritu y la Palabra. Cuando ellos crecen, pueden soportar correcciones más duras. Y también necesitan la disciplina cuando se vuelven indiferentes.

    En la escritura nunca se lee acerca de hijos de Dios que están tan limpios que no necesitan purificación a través de las pruebas.

    Publicado por editorial El Sembrador