30 de julio 2026

    30.De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.Jn.6:53

    Tan grosero e inaceptable como les parece a muchos lo que nuestro Señor Jesucristo dice aquí de comer su carne, tan claro, precioso y vivificante es para los que aprovechan este beneficio. Cuando los creyentes quieren describir la verdadera vida de sus almas, nada lo puede expresar mejor que si dicen que Cristo es su alimento. El Evangelio de la reconciliación es su más profunda y elemental necesidad, y su nutriente más vital. Miremos a los cristianos, a los verdaderos hijos de la gracia. Nunca los podremos reconocer mejor que mediante esta característica: Que el consuelo de la sangre de Cristo es su mayor necesidad. Los hijos de Dios no son siempre lo que debieran ser, ni lo que nosotros quisiéramos que fuesen. Tienen que combatir sus numerosos defectos, pero tienen un distintivo común, el cual es: Que Cristo es su necesidad vital. Año tras año sus conversaciones siguen refiriéndose siempre al mismo tema. Lo primero y lo último que leen, oyen, cantan, escriben y hablan tiene que ver con su Salvador, con Jesucristo y su gracia, con su carne y su sangre ofrecidas por nosotros.

    Estos también hablan del pecado que aún llevan adherido, y que les roba vitalidad y dignidad, y de la forma en que piensan superarlo. Pero en seguida vuelven al tema de su Salvador, de su gracia y de su poder.

    Si por algún tiempo son privados del Evangelio de la gracia, ya fuese por afanes terrenales, o por negligencia y dejadez, su hombre interior se debilita y desvanece, como el cuerpo de una persona hambrienta sin alimento. Sus vidas se sienten impotentes e incómodas. Sus rostros se vuelven sombríos. Su testimonio de fe se silencia. Sus pasos son inseguros y vacilantes. Pero si entonces vuelven a tener contacto con la Palabra, son como personas físicamente desnutridas que se acercan a una mesa bien servida. Y cuando escuchan un sermón evangélico acerca de Cristo y de su obra propiciatoria, sus ojos vuelven a brillar, su corazón a alegrarse, su confianza y su consagración a renovarse. Y les cuesta quedarse callados. Les va de acuerdo al refrán: “Sobre un estómago lleno hay una cabeza feliz”. No siempre están dispuestos a comer y a refrescarse así con las palabras del Evangelio, ni siempre tienen ese apetito. No, a veces también están espiritualmente enfermos e indispuestos. Sí decimos es que si su hombre interior alguna vez ha de reanimarse y fortalecerse debidamente, tiene que ser por medio del Evangelio que nuestro Señor Jesucristo les ofrece.

    El Evangelio de Cristo es su perpetua, y vital necesidad, el verdadero alimento para sus almas. Y Jesús declara aquí, que esta característica es absolutamente necesaria al decir: “De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros”.

    Un corazón incapaz de vivir sin el Evangelio de la reconciliación, es la más firme evidencia de una vida espiritual y de un continuo arrepentimiento.

    Porque el verdadero conocimiento del pecado genera esa perpetua necesidad de gracia y del Evangelio de la gracia. Es una clara señal de la fe que alguien estudie, lea, oiga y considere intensamente el Evangelio de la gracia de Cristo, y sin embargo nunca llegue a compenetrarse plenamente del mismo.

    Nunca se puede recordar y guardarlo todo respecto al Evangelio. Puedo recordar y guardar otras cosas que aprendí treinta o cuarenta años atrás, pero no ésto, mi tema más precioso, que estudio diariamente, ¿No demuestra esto que mi fe vino a ser algo más que simple conocimiento, cuando su energía se consume y desvanece igual que la comida que como?

    Por el otro lado, hay personas “espirituales” que quieren algo diferente a este Evangelio de la reconciliación. El Evangelio es algo que aprendieron una vez y creen conocerlo lo suficiente. Por eso ahora desean oír algo diferente. Éstos se asombran por las débiles y extrañas almas, que jamás parecen recibir suficiente del Evangelio de la gracia. Por lo que concluyen que debe tratarse de gente poco convencida, que no progresa para nada y se detiene ante la primer dificultad, despreciando el discipulado, la santificación, etc. ¡Ah, ojalá supiesen lo que esa postura suya revela acerca de ellos! ¡Ojalá viviesen bajo la corrección del Espíritu, en el verdadero ejercicio del arrepentimiento y de la fe! Entonces con toda seguridad sabrían, que se necesita constantemente el Evangelio porque el Espíritu dirige y corrige diariamente al corazón, debido al pecado que todavía reside ahí; y porque la Ley cala tan profundamente en la conciencia denunciando la depravación, que el pecador jamás puede hallar paz y consuelo en sí mismo.

    Por esa razón el alma necesita perpetuamente y siempre de nuevo la expiación de Cristo y el Evangelio de su gracia.

    Sí, puede parecer extraño que los creyentes nunca lleguen a comprender plenamente el tema que más estudian. Pero es que para ellos la carne de Cristo es su alimento, y por eso también poseen su firme promesa, que con Él “tienen vida en sí”. Y si alguien nos infunde dudas respecto al hecho de que la carne y sacrificio de Cristo son el perpetuo alimento de nuestras almas, hemos de consolarnos recordando las palabras de nuestro Señor: “Porque mi carne es verdadera comida” (Jn.6:55).

    Por otro lado, los que no tienen ese corazón, aunque fueron bien instruidos en este tema de vital importancia… los que se entregan a cosas que no pueden reemplazar al “Pan de vida”… los que se interesan más por los filósofos humanistas que por los apóstoles de Cristo… los que buscan la satisfacción de su necesidad existencial y nutrir sus almas lejos de la obra expiatoria de Cristo… tales personas dan motivo a la sospecha, si verdaderamente tienen la fe; y deberían detenerse y reflexionar, pues es una alarmante señal. Lo dijo el propio Señor Jesucristo.

    Publicado por editorial El Sembrador