3 de noviembre 2026

    3.Estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre.1 Co.15:58

    Quizás tú, que lees esto, eres uno de los afortunados que fueron elegidos del mundo, para ser un discípulo de Cristo (Jn.15:19). Tal vez eres uno de los bienaventurados, y tienes estrecha comunión con tu Salvador. Si es así, entonces guarda lo que tienes, para que nadie te quite tu “corona”. El diablo nos ha jurado la muerte. A veces él anda alrededor como león rugiente, buscando a quien devorar. Pero otras veces se disfraza de ángel de luz. Y muchos que comenzaron por el Espíritu, terminaron en la carne. A algunos, el mundo con sus placeres pecaminosos los ha recapturado; se cansaron de la lucha de la fe, de la mortificación de la carne, y se convirtieron nuevamente en esclavos del pecado. Otros fueron arrastrados hacia la desesperación, debido a una larga y persistente tentación. Hay quienes fueron seducidos por medio de falsas doctrinas, novedosas e interesantes; y se apartaron de la sencillez de la fe cristiana, y de la verdadera vida espiritual. Otros cayeron en la vanidad: Imaginando que eran importantes personajes, desarrollaron tanto orgullo, que expulsaron la gracia de Dios de sus vidas.

    Algunos que reniegan de la fe se reconocen fácilmente, porque abiertamente se entregan al pecado y a la incredulidad mundana. Otros, en cambio, guardan las apariencias piadosas, pero no tienen espíritu, ni vida, ni hambre y sed por el Evangelio, ni por la gracia de Dios. Solamente tienen la forma del conocimiento y de la verdad, sin lo esencial (Ro.2:20). “Mejor les hubiera sido no haber conocido el camino de justicia, que después de haberlo conocido, volverse atrás… (porque) su postrer estado viene a ser peor que el primero…” (2 P.2:20-21). ¡Ruega a Dios para que tenga misericordia de ti, y te libre de tan triste final! Ten en cuenta la importante amonestación del apóstol: “Estad firmes y constantes”. Firmes en la fe. O sea, cultiva una buena relación con tu Salvador, todos los días. No permitas que ninguna cosa sea más importante, que asegurarte cada día de estar reconciliado y en paz con Dios, estando siempre “en Cristo”, por medio de la fe.

    Sé constante en el amor, en la práctica del bien, y no permitas que la maldad y la ingratitud de las personas te desanimen. Tampoco cedas a tu maldad natural, ni te relajes cuando la lucha contra las tentaciones se torne larga y difícil. Aguanta y mortifica tu carne, es por un tiempo relativamente corto. ¡La constancia es muy importante! Estás en medio de una lucha por la vida eterna. Jesús te dice: “Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida” (Ap.2:10). Sé constante en la esperanza y la paciencia, bajo la pesada cruz y los amargos sufrimientos ¡Resiste!

    Sólo resta un tiempo relativamente corto y todo mal habrá terminado definitivamente.

    Podemos desanimarnos fácilmente, pero si queremos conquistar las mansiones celestiales, es necesario que luchemos con constancia.

    “Firmes y constantes”, dice el apóstol. Sin abandonar la sana doctrina, que está en la Palabra de Dios. No permitas que enseñanzas diferentes te hagan cambiar. Hay una enorme variedad de religiones e ideologías en el mundo. Nos ofrecen muchas novedades espirituales, y nuestra naturaleza es tal, que nos cansamos de lo conocido y nos interesamos por todo lo nuevo. No seas como una hoja llevada por el viento. Permanece firmemente basado en la Palabra de Dios, y no te confíes pensando que nadie te podrá engañar. ¡Ten cuidado! Jamás seas ingrato para con Dios, rechazando el bendito Evangelio -que te ha dado nueva vida espiritual-, para seguir otras enseñanzas. No pienses que a los creyentes en Cristo les hace falta algo nuevo y diferente. La Biblia dice: “Vosotros estáis completos en Él” (Col.2:10); de modo que no hace falta “completar” nuestra salvación, sino permanecer unidos a Cristo, firmes en la fe. Qué le contestarías a Cristo, si Él te preguntara: “¿Por qué insistes en hacer algo de tu parte para salvarte. No es suficiente con lo que yo he hecho?”

    No debemos ser como niños espirituales, dejándonos mover de un lado a otro por las corrientes espirituales. El apóstol dice: “Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él; arraigados y sobreedificados en él, y confirmados en la fe, así como habéis sido enseñados” (Col.2:6-7).

    El apóstol continúa diciendo: “…creciendo en la obra del Señor siempre”. Sé más y más eficiente en tu servicio al Señor en el tiempo relativamente corto que te resta vivir en este mundo. No seas espiritualmente perezoso. No vivas para ti mismo, sino para aquel que murió y resucitó por ti (2 Co.5:15). Aprovecha toda oportunidad que se te presente para glorificar a tu Salvador que te ha redimido a tan alto precio. A medida que pasa el tiempo, no te canses de hacer el bien, sino por el contrario, sé cada vez mejor. Algunos comienzan a servir a Dios y a los hermanos con alegría y entusiasmo. Pero al cabo de unos años se vuelven fríos y flojos; pierden el coraje y la fuerza. Es un triste final, para algo que comenzó ta bien.

    ¡Tengamos cuidado! Prestemos atención para que nuestra propia carne no nos seduzca. “No nos cansemos de hacer el bien, porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos” (Gá.6:9). “Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción. Mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna” (Gá.6:8). Tu trabajo en el Señor no es en vano. ¡Despiértate! ¡Piénsalo! Todo lo que Dios nos ha prometido, se hará realidad. No hemos creído fábulas ni cuentos. Todo se cumplirá. Dios dará “vida eterna a los que, perseverando… buscan gloria, y honra e inmortalidad” (Ro.2:7).

    Publicado por editorial El Sembrador