3.Y hay cuerpos celestiales, y cuerpos terrenales; pero una es la gloria de los celestiales, y otra la de los terrenales.1 Co.15:40
El apóstol parece decir: ¡Vean la infinita riqueza de variaciones en la creación de Dios! Ya existe una gran diferencia entre los cuerpos terrenales, entre las piedras y árboles, entre la tierra y el sol… ¡Cuánto mayor ha de ser la diferencia entre los cuerpos terrenales y los celestiales! Hay diferencia entre los astros, pues “una es la gloria del sol, otra la gloria de la luna, y otra la gloria de las estrellas, pues una estrella es diferente a otra en gloria” (1 Co.15:41). Piensa en la infinita variedad que existe en la creación de Dios…
No tenemos que cometer la tontería de pensar que Dios tendrá problemas para darnos a cada uno el cuerpo adecuado el día de la resurrección. No importa qué nuevas cualidades tendrán nuestros cuerpos, sin dudas serán perfectamente adecuados para el mundo nuevo en el que viviremos, y para las facultades que tendrán nuestras almas. Ahora nuestros cuerpos están diseñados para el mundo en que vivimos y para las facultades actuales de nuestras almas. Los cuerpos de los animales han sido creados de acuerdo a los instintos que Dios les ha dado, y para los elementos donde viven: Los peces, en el agua; las aves, en el aire; los mamíferos y otros animales en la tierra; las lombrices, bajo la tierra, etc.
Podemos ver con nuestros propios ojos que cuando un ser viviente cambia de hábitat, y comienza -por así decirlo- una nueva vida, recibe un nuevo cuerpo, apropiado para su nueva situación. Por ejemplo, cuando el gusano de seda acaba con su trabajo y sale del capuchón para volar y disfrutar libremente, es equipado con un nuevo cuerpo, con alas adecuadas para su nuevo destino y elemento. La mayoría sabe que las mariposas fueron antes gusanos; que anduvieron arrastrándose por el polvo cierto tiempo, pero luego pudieron volar por el aire.
Pues bien, esta es una maravillosa muestra que el Creador ha dado al ser humano, que en un sentido es un “gusano”, acerca del cambio que se producirá en la resurrección (Job 25:6). Veamos más de cerca este ejemplo.
Los gusanos son una muy despreciada especie de seres vivientes. Pero el gusano de seda produce un tejido fuerte y precioso, muy valorado y utilizado por los seres humanos. Pareciera ser más noble que los gusanos comunes, pero también él se mueve arrastrándose de un lado a otro. Sin embargo, para estas débiles y rastreras criaturas, Dios preparó especialmente un futuro mejor, un cambio maravilloso. Cuando el trabajo del gusano de seda está listo, y el gusano común ya no se arrastra por el suelo, son puestos en una especie de ataúd: Un pequeño cascarón se forma alrededor de sus cuerpos; y allí pasan un tiempo dormidos, en algunos casos, todo el invierno. Pero en la próxima primavera, el sol comienza a despertar la vida que estaba adormecida, y entonces el gusano que estaba dormido despierta a una nueva vida, con un cuerpo diferente. Ya no permanecerá dentro de un grueso y oscuro capullo ni se arrastrará más por el suelo. No, ahora disfrutará volando por el delicado aire, a la luz del sol. Y para alimentarse, tomará solamente de lo mejor de las flores. Para eso ahora tiene hermosas y delicadas alas, gracias a las cuales se eleva de la tierra hacia el cielo abierto.
¿Quién no reconoce en esto la mano de nuestro Padre celestial? ¿Quién no ve aquí un ejemplo de lo que Él quiere hacer con nosotros? Es verdad que en este mundo somos criaturas miserables, que a menudo tienen que arrastrarse. Sin embargo, hemos sido creados para otra vida muy diferente. Avanzamos hacia un gran cambio. Cuando nuestro tiempo de prueba se haya cumplido y ya no tengamos que andar arrastrándonos, entonces todos los que somos un espíritu con Aquél que vino del cielo, seremos transferidos por Él hacia un mundo nuevo. Allí seremos gloriosos y estaremos a salvo. Allí disfrutaremos plenamente, ante el sol de la eterna gracia, ante la presencia de Jesús. Y con facultades nuevas y glorificadas nos embriagaremos de alegría por la sabiduría, el amor y la gracia que Él habrá revelado.
En la eternidad no seremos solo espíritus descarnados. En ese estado estaremos desde nuestra muerte hasta la resurrección. Pero luego recibiremos cuerpos nuevos, porque hemos sido destinados para ser transferidos a un mundo nuevo, mucho más perfecto y glorioso que el mundo caído y corrompido en el que vivimos ahora. Seremos llevados a un mundo donde “ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas pasaron… y no habrá más maldición; y el trono de Dios y del Cordero estará allá, y sus siervos le servirán, y verán su rostro…” (Ap.21:4; 22:3-4).
Dios nunca baja la calidad de sus obras. Él siempre las desarrolla más y mejor, hacia la perfección. En la nueva creación Él desplegará su sabiduría, bondad y poder de una manera mucho más gloriosa que en el presente mundo malo. Y necesitaremos cuerpos con sentidos apropiados para ese mundo nuevo. Esas nuevas facultades nos permitirán vivir y disfrutar en armonía con la creación, teniendo el más perfecto conocimiento de nuestro glorioso Creador.
Entonces, “las cosas invisibles de Él, su eterno poder y deidad”, serán correctamente entendidas “por medio de las cosas que Él ha hecho” (Ro.1:20). Allí sus obras serán infinitamente más perfectas y gloriosas que todas aquellas que hemos visto en este mundo, el lugar donde pasamos nuestra niñez; lugar que ha sido corrompido y desvirtuado por el pecado.