29 de mayo 2026

    29.Si decimos que tenemos comunión con Él, y andamos en tinieblas, mentimos y no practicamos la verdad.1 Jn.1:6

    El mayor peso de este texto está en lo que significa andar en tinieblas. Debemos tener mucho cuidado para no expresar nuestra propia opinión, sino la interpretación del Señor, la explicación de su Palabra que Él mismo da, de modo que no nos quedemos innecesariamente tristes, ni nos entusiasmemos equivocadamente.

    ¡Alabado sea Dios! Todo está correctamente explicado en su Palabra. Jesús dice: “Porque todo aquel que hace lo malo aborrece la luz, y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas” (Jn.3:20). Notemos esto: “Para que sus obras no sean reprendidas”. “Andar en tinieblas” es evitar la censura, no comparecer ante Dios, que es Luz, para no exponerse a su castigo; es no confesar el pecado, ni buscar un arreglo y la reconciliación. En lugar de eso, apartarse cada vez más del Señor, haciéndose el inocente -como Judas- y preguntando: “¿Soy yo, Maestro?” (Mt.26:25).

    En 1 Juan 1:8 está escrito que “si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros”. Y en el versículo siguiente dice por el contrario: “Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad”. O sea, si decimos que tenemos comunión con Dios, pero aun andamos en tinieblas, entonces no somos honestos ante Dios, ni nos acercamos al “trono de gracia” con nuestro pecado. En otras palabras: Si no queremos que nuestros pecados caigan bajo el juicio de Dios, si no se los queremos confesar, ni renunciar a los mismos, para que sean perdonados y también mortificados, es porque preferimos seguir practicando impunemente nuestros pecados, cubriéndonos con un manto de excusas y de hipocresía, en vez de eliminarlos.

    El que “anda en tinieblas” tiene un espíritu somnoliento, desobediente e impenitente, que menosprecia a Dios. Cuando Dios habla en su Palabra y nos revela su voluntad y su plan para nuestra bienaventuranza eterna… cuando nos habla de la regeneración de nuestro corazón y de la santificación de nuestras vidas y sin embargo nosotros seguimos contrariando su voluntad e ignorando su llamado… estamos siendo insensibles y ésto es un desprecio a Dios.

    Otros llevan una vida muy piadosa en apariencia. Viven muy separados del mundo impío, participando del culto y en otras actividades cristianas, tienen hermosas palabras y acciones. Pero a pesar de todo siguen “andando en tinieblas”, porque, no se acercan al “trono de gracia” de Dios con arrepentimiento y fe en nuestro Señor y Salvador Jesucristo. No saben nada de un nuevo nacimiento por el Espíritu. Menosprecian las enseñanzas acerca de la relación interior, -del corazón- con Dios; y se burlan así del Todopoderoso. Pero Dios es Luz pura.

    Sus ojos lo ven todo. Ciertamente también ven tu engaño. Y Dios no permite que alguien se burle de Él. Tal vez todavía no tienes conciencia de la obra regeneradora del Espíritu Santo en tu alma, no sabes nada de la aflicción por el pecado; nunca has tenido temor del juicio de Dios, ni has implorado perdón ante el “trono de gracia”. Tal vez nunca escuchaste el dulce Evangelio de tu Señor y Salvador, ni obtuviste hasta ahora ninguna seguridad de tu perdón y redención, ni tienes la nueva vida que nace de la fe en tu corazón. En ese caso, con tu religión te estás burlando de Dios.

    Posiblemente comenzaste una vida nueva por tus propios medios, al notar que era necesario cambiar. Tal vez comenzaste con actos devocionales, oraciones y buenas obras, y conservaste esos hábitos sin haberte sumergido jamás en un escandaloso y vergonzoso pecado. Pero por eso tampoco conoces “la gracia que sobreabunda” estando perdido en tus pecados (Ro.5:20). Al contrario, los “progresos” en tu conducta han ido fortaleciendo la confianza en ti mismo, de modo que fundamentas tu consuelo en tu “mejor conducta”. Y con eso insistes, esperando un buen final. Pero eso se llama burlarse del Señor y despreciar su Evangelio.

    La Biblia enseña un camino muy diferente: que al abundar nuestros pecados y sobreabundar la gracia de Dios, -revelada en Cristo Jesús- entramos por la puerta estrecha al camino angosto del nuevo nacimiento. Cristo dijo expresamente: “El que no naciere de nuevo, no puede ver el Reino de Dios” (Jn.3:3).

    Quizás sigues esperando ver el Reino de Dios por medio de tu “buena” conducta. Tal vez has escuchado el testimonio de verdaderos cristianos acerca de su nuevo nacimiento, sus aflicciones por el pecado, su fe en Jesús, la paz y el gozo en el Espíritu Santo.

    Cuando la conversación comienza a girar alrededor de obras, actividades y conductas externas, te sientes bien, mientras no se toquen las condiciones internas de arrepentimiento y fe. Seguramente has oído lo que dice el Señor sobre esto, sin embargo, no quieres entenderlo. No quieres reflexionar sobre la justificación por medio de la fe. Y así, pasas por alto la principal enseñanza del cristianismo.

    Esto es lo que se llama “andar en tinieblas” en cuanto al hombre interior, y no querer presentarse a la Luz.

    El diablo ha colocado muchas trampas para nuestra perdición. Por eso también existen entre nosotros personas que dicen haber experimentado realmente muchos de esos cambios interiores: La conversión, el despertar de su fe, el valor para dar testimonio, etc.; y describen su conversión con muchas palabras emotivas; incluso hablan de la Ley y del Evangelio, de la fe y la santificación… Pero a pesar de todo eso “andan en tinieblas”, porque abiertamente se niegan a renunciar a sus malos deseos y a las “obras de las tinieblas”. Estas personas, no se dejan corregir, sino que excusan y defienden su maldad. Precisamente, esa es la actitud que San Juan señala como un rasgo característico de los que andan en tinieblas. Hablando del odio, por ejemplo, aclara: “El que dice que está en la luz, y aborrece a su hermano, está todavía en tinieblas… anda en tinieblas, y no sabe a dónde va, porque las tinieblas le han cegado los ojos” (1 Jn.2:9,11).

    Publicado por editorial El Sembrador