28 de enero 2026

    28.Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación.Gn.2:3

    En ésta, la primera institución de Dios para la humanidad, vemos la insondable profundidad del amor y de la fidelidad divina hacia nosotros. Vemos sus sublimes y eternos propósitos y su profundo amor con relación al ser humano, heredero suyo creado a su imagen.

    El hombre fue creado para la vida eterna en el cielo, y aquí en la tierra nos prepara para esa vida. Por eso el piadoso Señor quiso separar una cierta porción de su tiempo -el séptimo día- para nuestra preparación para la eternidad.

    “Dios bendijo el séptimo día y lo santificó”, para que su pueblo siempre fuese convocado y alentado a adorarlo, y se fuera preparando para la vida eterna, hasta el fin del mundo. Estar unido a Dios y con Dios es la única verdadera vida del espíritu humano. Es la vida que continuará eternamente, y será perfecta en el cielo. Esta vida es la razón de la existencia del ser humano; y nadie puede alcanzar o conservar esta meta si su alma se sumerge en las cosas terrenales, en el materialismo. Porque entonces uno ya no lleva una vida celestial (Col.3:1-3).

    Por eso, para cuidar adecuadamente a su principal criatura terrenal, Dios separó el séptimo día, a fin de darle al hombre una siempre renovada ocasión para despertar y alimentar esa vida celestial.

    Los “sábados”, los días para reposar y santificar, son días para que los hijos de Dios” saboreen la eternidad”. Y quienes no tienen estos días dedicados a las cosas eternas, quienes nunca en esta vida tienen esta necesidad, tampoco podrán vivir alguna vez la vida celestial en la eternidad. El Día de Reposo es tanto una preparación para la vida eterna, como un anticipo y una figura de la misma, según se explica en He.4:9, donde el apóstol habla del reposo que le espera al pueblo de Dios.

    La palabra “sabbath” del texto original significa “día de reposo o de celebración”. Pero además de este gran propósito principal del “sabbath”, o sea: nuestra preparación para la vida eterna, esta institución nos ofrece aún otros beneficios especiales por los que hemos de agradecer a Dios. Dios dispuso que se separe cierta porción de tiempo a ser destinado para nuestro eterno bienestar. Con esto no sólo intervino para ayudarnos en la lucha contra nuestra naturaleza caída y materialista, sino que pensó especialmente en los que están bajo la autoridad de otros: como los hijos, empleados y subordinados; y protegió su derecho de alimentar sus almas con la Palabra de Dios. En su tercer Mandamiento el Señor le prohíbe a todo patrón y a toda ama de casa creyente, que les exijan a sus empleados realizar en el Día de Reposo el trabajo de los otros días de la semana, lo que les impediría escuchar su Palabra.

    ¡Y qué beneficioso es eso! Porque si el Señor no le hubiese fijado este límite a la ambición y a las actividades materialistas del pecador, toda la humanidad, especialmente los empleados y subordinados, habrían quedado completamente oprimidos en cuerpo y alma, en los lazos y al servicio de Mamón (El dios de las riquezas). ¡Alabemos la piedad del Padre celestial, que dispuso tan bien todas las cosas!

    Por otro lado, en el otro extremo, la religiosidad equivocada e idólatra de los monjes también es un desvío del camino correcto, al abandonar la vocación terrenal completamente, y dedicarse exclusiva y perpetuamente a ejercicios espirituales.

    Para evitar ambos extremos en el tercer Mandamiento Dios nos ha señalado los límites para el justo cuidado de ambas vocaciones, la celestial y la terrenal.

    “Seis días trabajarás y harás toda tu obra, mas el séptimo día es reposo para Jehová , tu Dios” ( Ex.20:9-10). Por supuesto, esto no quiere decir que sólo podemos invocar a Dios y escuchar su palabra cada séptimo día. Quiere decir que podemos dedicar este día principalmente a eso, mientras que nos quedan los otros seis días para trabajar en nuestra vocación terrenal. Que el Señor no quiere suspender su comunión espiritual con nosotros en esos seis días queda demostrado con las instrucciones que dio para los sacrificios cotidianos en el templo (He.7:27), y para las ofrendas de las fiestas especiales durante el año. Si recordamos que estas leyes ceremoniales eran una sombra y figura del Reino de Cristo, es evidente que el Señor quiere decirnos por medio de las ordenanzas de los sacrificios cotidianos que también podemos acercarnos diariamente a Él en oración y por medio de su Palabra, aunque este “sábado diario” (o diario momento de meditación), puede variar mucho en cada caso, debido a factores externos.

    En el Nuevo Testamento, Cristo ha santificado todos los días para la santa comunión. Por eso tenemos libertad para elegir el día de reposo y culto a Dios (Col.2:16-17). Todo verdadero cristiano está en comunicación diaria con su Dios, y alimenta su alma con su Palabra. Pero Dios quiso librar a los seres humanos de la dificultad de determinar el tiempo a ser dedicado especialmente a nuestra vida espiritual, y también quiso separar un tiempo para ese fin para los que están bajo la autoridad de otros. Por eso mandó expresamente a ambos, tanto a los empleados como a los patrones, que observen el “Sabbath”, el descanso sagrado en el Señor, cada séptimo día. ¡Alabado sea Dios, por esta institución tan beneficiosa!

    Publicado por editorial El Sembrador