27 de diciembre 2026

    27.Porque Jehová derramó sobre vosotros espíritu de sueño, y cerró los ojos.Is.29:10

    Es digno de notar que es Dios mismo, -el gran Dios que está lleno de amor-, quien finalmente castigará a los que lo desprecian, cegándolos para que sufran eternamente.

    Se trata del mismo Dios misericordioso, que tiene un ardiente amor por nosotros, indignos pecadores, Aquel que nos ha dado a su Hijo eterno, y nos perdona todos nuestros pecados cuando creemos en Él, y nos convertimos en sus discípulos. Es ese Dios que constantemente perdona a sus pobres hijos todos sus pecados y que quiere darnos la gloria eterna, aunque por nosotros mismos no merezcamos otra cosa que su justo castigo.

    Ese Dios, rico en misericordia, derrama “espíritu de sueño” sobre ciertas personas, de modo que se vuelven ciegas y no ven lo que les conviene. Dios hace eso, por ejemplo, con los que rechazan su misericordiosa invitación revelada en el Evangelio, y pretenden ser santos, intentando justificarse ante Él con sus buenas obras. De esta manera Él castiga a ese pueblo tan especial, a los descendientes de su amigo Abraham, porque pretendieron hacerse los santos ante Él.

    Aquí tenemos que prestar especial atención a la terrible justicia de Dios y recordar que “Dios no puede ser burlado” (Gá.6:7).

    Que nadie se equivoque pensando que esta temible manera de proceder de Dios era sólo para el Antiguo Testamento. No, aunque estuvo lleno de amor por todos, nuestro Salvador Jesucristo pronuncia el mismo juicio sobre aquellos que lo oyen, y no se muestran obedientes a su voz; los que no quieren recibirlo en arrepentimiento y fe. ¡Qué terribles son las palabras que el misericordioso Jesús dice en Mateo 13:13! Acá dice que le hablaba a la gente por medio de parábolas “para que no vean con los ojos, ni oigan con los oídos”. “A ellos no les es dado saber los misterios del reino de Dios”. “Al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado”. Y lo que esas personas “no tenían” era la capacidad de recibir a Cristo ni creer en Él. Y por no querer oír la voz de Dios cuando les hablaba, esa luz les sería quitada.

    A lo mismo se refiere el apóstol en 2 Tesalonicenses 2:10-11: “…los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos. Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira, a fin de que sean condenados todos los que no creyeron la verdad…” ¡Observa qué lejos llega la ira de Dios, que castiga con ceguera espiritual a los que le desprecian!

    Esto también explica por qué se suelen preocupar algunas almas con buenas intenciones. A veces, cuando el Evangelio se predica y difunde claramente en un lugar, con demostraciones de poder y bendiciones, se producen también grandes decepciones. Sí, se levantan duros ataques contra la persona y el mensaje de Cristo, tanto orales como escritos.

    Entonces los hijos de Dios se aterrorizan pensando en que muchos serán desviados de la verdad y se declararán contrarios al Evangelio. Pero en ese caso deberíamos recordar que ese es el castigo de Dios sobre los impenitentes. A pesar de toda la gracia que Dios les ofrece, ellos no quieren escucharlo. Siempre resisten al Espíritu de Dios.

    Y no debemos echarle la culpa a Dios por estos juicios. Ni siquiera cuando Él demuestra una ira tan tremenda, que envía un poderoso engaño sobre los que no quieren creer la verdad.

    Por cierto, es muy lamentable y terrible ver como las almas inmortales de algunas personas son engañadas y endurecidas, creyendo en mentiras y cayendo bajo maldición.

    Pero debemos recordar también que no es pequeño el pecado que han cometido contra el sublime Dios.

    Han resistido y rechazado totalmente su gracia. Quizás no sólo oyeron la clara predicación de su Palabra, sino que además vieron la obra del Espíritu en la conversión de muchos otros. Tal vez sintieron el llamado de la gracia, golpeando en sus corazones. Pero aun así se resistieron a despertar y despreciaron todos los llamados de Dios, entregándose al mundo y a la vanidad.

    ¿Semejante desprecio por Dios no debería recibir también un gran castigo?

    Dios es más grande que el hombre. Por cierto, es terrible pensar en que hay seres humanos que serán condenados. Pero no es menos grave que Dios sea despreciado e insultado. Será terrible cuando en el día del Juicio Final el Juez Supremo les diga a los malditos que se aparten de Él y vayan al castigo eterno.

    Pero en esa misma ocasión, Dios será tan grandioso y bueno con los creyentes, que ellos no pensarán que el castigo para los incrédulos fue mayor que la maldad que mostraron al rechazar a un Dios tan lleno de gracia. Tendrán una inmensa gratitud hacia Dios, porque Él los ha salvado de todos sus pecados, a pesar de ser indignos e impuros.

    Por eso, con respecto a los que serán maldecidos por su incredulidad, los creyentes proclamarán la justicia de Dios y solamente dirán: “Señor Dios Todopoderoso, tus juicios son verdaderos y justos” (Ap.16:7).

    Publicado por editorial El Sembrador