26.¿Qué debo hacer para ser salvo?Hch.16:30
¿Cómo podemos tener la gracia que Dios nos dio en Cristo Jesús? Dios amó de tal manera al mundo, que dio a su Hijo unigénito para que fuese nuestro segundo Adán, para comparecer por nosotros, el “Justo por los injustos” ( 1 P.3:18), para hacer lo que debiéramos haber hecho nosotros, y sufrir los castigos que debiéramos haber sufrido nosotros. Este es el fundamento inmutable y profundo para la bienaventuranza eterna de todos los hijos de Adán. “Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo” (1 Co.3:11).
Cristo obtuvo y nos concedió grandes tesoros. Pero aún puedo preguntarme: ¿Qué debo hacer yo, para entrar en posesión de esos tesoros de la gracia? ¿Cuál es la forma correcta de recibirlos? Pues no todos se salvan; no todos entran en posesión de esa gran herencia, sino sólo los que la buscan y reciben en la forma prescrita. La persona que no se interesa por estos tesoros, o los busca en forma equivocada, no obtiene ningún beneficio de los mismos. ¿Cómo podré saber con certeza, cuál es el único camino correcto para entrar en posesión de los méritos de Cristo?
Respondo: Nunca habría sido posible obtener esa seguridad si Dios, en su plan eterno, no hubiese establecido una forma determinada, y si no la hubiese revelado en su Palabra. Pero ¡Alabado sea el Señor! Él estableció claramente una forma para que entrásemos en posesión de la gracia que Cristo nos obtuvo. Y también nos ha revelado esa forma establecida, con palabras tan explícitas, que Jesús pudo decir: “Ahora no tienen excusa por su pecado”(Jn.15:22).
Quien presta atención al consejo de Dios en cuanto a nuestra salvación, (como está revelado en su Palabra), puede llegar a estar tan seguro de su salvación y felicidad eterna, como lo está de su propia existencia. Quien no está seguro de su salvación, no ha prestado atención a lo que dice la Biblia, sobre la decisión de Dios sobre este tema. En cambio, seguramente se trazó su propio camino de salvación, según las ideas de su mente enceguecida. Cuando tal persona lee las simples palabras que expresan la forma de recibir el Reino de Dios, se asombra que la Biblia diga eso. Sí, en vez de aceptarla humilde y obedientemente, tropieza en la misma. De ese modo, queda cada vez más confundido y enceguecido, y permanece en una eterna incertidumbre. Ojalá se preguntaran por qué la pequeña palabra “fe” aparece tantas veces en la Escritura, ¡Y por qué nuestra salvación está tan ligada a la fe! Miles de personas se escandalizaron con eso. ¡Pero qué importa! Todavía está ahí esa “piedra de tropiezo”. Está inconmovible, afirmada en el eterno consejo de paz de Dios.
Dios resolvió en su plan eterno, y luego reveló por escrito en su Palabra, que su unigénito Hijo conquistaría nuestra salvación por pura gracia, y nos la obsequiaría gratuitamente. Nosotros no necesitaríamos prestar ni la más mínima colaboración para conquistar o merecer ese tesoro, tan sólo recibirlo como un regalo gratuito. Y como este obsequio se ofrece y distribuye por medio de palabras y promesas, no se lo puede recibir de otra forma que no sea por la fe.
Pero debe notarse bien que la fe salvadora realmente no es otra cosa que eso: Recibir el obsequio en forma gratuita. La salvación, se obsequia como un regalo y se recibe como un regalo.
De modo que lo único que debemos hacer es recibirlo. “Por tanto es por fe, para que sea por gracia” -dice el apóstol Pablo- “a fin de que la promesa sea firme para toda su descendencia (la de Abraham)” (Ro.4:16). “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe, y esto no de vosotros, pues es un don de Dios” (Ef.2:8).
Notemos esto último: “Es un don de Dios”. Esta es la razón por la cual, -al mismo tiempo en que Cristo anunció el eterno plan del Padre para nuestra redención-, que: “De tal manera amó Dios al mundo, que dio su Hijo unigénito”, inmediatamente agregó la indicación acerca de la forma y el medio establecidos para entrar en posesión del gran obsequio, diciendo: “… ¡para que todo aquel, que en Él cree no se pierda, mas tenga vida eterna!” Al mismo tiempo que les encargó a sus apóstoles la gran comisión: “¡Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura!”, inmediatamente también señaló quiénes participarían de la salvación, diciendo: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo”(Mr.16:15).
Sí, ésa fue la razón por la que Cristo mismo continuamente tuvo la palabra “fe” en su boca. A la pecadora que creyó en Él, le dijo: “Tu fe te ha salvado; ¡Ve en paz!” (Lc.7:50). Al centurión creyente le dijo: “¡Ve, y como creíste, te sea hecho!” (Mt.8:13). A Marta, hermana de Lázaro, le dijo: “Si crees, verás la gloria de Dios” (Jn.11:40). Así, por la fe, también fueron justificados los patriarcas del Antiguo Testamento y obtuvieron el testimonio de haber agradado a Dios” (He.11:2ss). Ya Abel, el segundo hijo de Adán y Eva, fue justificado por la fe. Su sacrificio agradó a Dios, “por lo que obtuvo el testimonio de que era justo” (He.11:4). “Por la fe Noé, cuando fue advertido por Dios acerca de cosas que aún no se veían, con temor preparó el arca, en que su casa se salvase… y fue hecho heredero de la justicia que viene por la fe” (He.11:7). “Abraham creyó a Dios (cuando le prometió a Cristo, la bendita Simiente), y le fue contado por justicia” (Ro.4:3).
La salvación de Cristo se nos ofrece como un don gratuito… se nos ofrece con palabras… y se lo debe recibir por la fe.