24 de mayo 2026

    24.Como pastor apacentará su rebaño; en su brazo llevará los corderos, y en su seno los llevará.Is.40:11

    Cuando somos conscientes de la oscuridad, falsedad e inestabilidad de nuestro propio corazón; de las crueles intenciones, de la perfidia e insistencia del diablo; y finalmente, de la enloquecedora variedad de doctrinas dando vueltas por todo el mundo… comenzamos a sentirnos inseguros y a temblar ante la posibilidad de ser finalmente seducidos y devorados. Por eso, ¡qué alentador es que el propio Señor nos asegure que Él quiere ser nuestro fiel Pastor! ¡Qué consolador es para un miserable pecador, que reconoce su impotencia, saber que el Señor Jesucristo mira a los pecadores como a sus ovejas! Somos sus ovejas, y Él es el buen Pastor, que dio su vida para evitar que sus ovejas se perdieran. Qué alentador es recordar que Él es el buen Pastor, cuando uno observa con preocupación los peligros que corren otros de la “manada pequeña” (Lc.12:32);los que con sólo una pequeña seducción ¡pueden ser engañados! Qué alentador saber que Aquél, a quien le fue dado todo el poder en el cielo y en la tierra (Mt.28:18), ¡es el Pastor de sus ovejas! ¡Él las alimentará y guardará!

    Y qué gran seguridad ofrece esto a todos los Pastores subordinados, a los ministros o pequeños siervos -como los llama Isaías (Is.61:6)-, que son acosados por dentro y por fuera con la angustiante pregunta: “¿Les estamos mostrando a las ovejas el camino correcto? ¿Las tratamos en la forma correcta?” ¡Qué alentador es que el propio Señor declare: “Yo soy el buen Pastor!” (Jn.10:11).

    Ante este Pastor supremo, los Pastores subordinados, todos juntos e individualmente, han de inclinarse, y a Él han de parecerse. Caso contrario es seguro que no seremos buenos Pastores. Pues “si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Él ” (Ro.8:9).

    La primera cosa digna de consideración, particularmente llamativa para todo pobre pecador, es ver que Dios considera a las criaturas humanas sólo como ovejas. Ovejas perdidas e incapaces de atenderse a sí mismas, o de defenderse contra el lobo; y por consiguiente, enteramente dependientes de su Pastor. Es así como el Señor siempre describe a los seres humanos, en todas partes. Se empeña en erradicar esa presunción tan profundamente arraigada en nuestra naturaleza e imaginación: Que poseemos suficiente inteligencia y fuerza en nosotros para defendernos a nosotros mismos. Frente a esta profunda fantasía la Palabra de Dios declara lo contrario: “Jehová miró desde los cielos sobre los hijos de los hombres, para ver si había algún entendido, que buscara a Dios.Todos se desviaron, a una se han corrompido; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno” (Sal.14:2,3).

    El apóstol dice: “A una se hicieron inútiles” (Ro.3:12). Y: “No que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos” (2 Co.3:5), sino que Dios tiene que obrar en nosotros “tanto el querer como el hacer, por su buena voluntad ” (Filip.2:13).

    La incapacidad para defendernos está representada en la figura de la oveja. De todos los animales las ovejas son los más expuestos, indefensos y estúpidos. No tienen garras ni dientes para defenderse contra el lobo. Y son tan famosas por su falta de astucia, que llegaron a ser proverbiales, de modo que a una persona muy poco dotada la llaman “oveja”.

    De manera similar, todos nosotros somos notablemente tontos en asuntos espirituales. Los hombres más inteligentes en otras cuestiones, son los más torpes cuando se trata de la salvación de sus almas; y los cristianos más iluminados se dejan engañar siempre de nuevo por “las profundidades de Satanás” (Ap.2:24), si el Señor no les concede su protección.

    Y aun cuando vemos muy claramente lo que debemos hacer, no obstante somos tan impotentes para realizarlo, que muchas veces tenemos que gemir y clamar: “Yo soy carnal, vendido al pecado. Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino que lo que aborrezco, eso hago” (Ro.7:14-15). ¡Ah, tú que te afliges con la idea e intención de hacer algo para alcanzar tu salvación… por favor, reflexiona una vez más en esas palabras de San Pablo! ¡Tú no tienes tanta dignidad o capacidad! ¡Eres apenas una oveja! Inclínate ante el Señor y confiesa con el rey David: “¡Yo anduve errante como oveja extraviada. Busca a tu siervo!” (Sal.119:176).

    ¡Reconoce que no eres capaz de nada, ni siquiera de pensar correctamente! Pide todo sólo en calidad de obsequio del Señor. Si le complace concederte algo, lo tendrás; y si no te lo concede, todo esfuerzo tuyo será en vano. No eres más que una débil e indefensa oveja.

    Pero considera también el inmenso consuelo: ¡El Señor Jesucristo declara que está en la misma relación con nosotros, como un pastor con sus ovejas! Pues bien, la tarea del pastor es cuidar de las ovejas, y no esperar que las ovejas sepan protegerse a sí mismas; que se pongan en guardia contra el lobo o que sepan enfrentarlo y someterlo por sí mismas. Todo esto está a cargo del pastor, que no pregunta si las ovejas merecen o no esa atención. Ese cuidado está en la vocación del pastor. Recuerda que el Señor Jesucristo dice: “Yo soy el buen Pastor” (Jn.10:11). Él nos permite considerarlo efectivamente como tal, y esperar de Él exactamente los servicios de un pastor. ¿En quién otro podríamos confiar, sino en el Señor Jesús?

    Publicado por editorial El Sembrador