23 de febrero 2026

    23.Acuérdate del día de reposo para santificarlo.Éx.20:8

    El Señor le da especial importancia a la santificación del “día de reposo”. Quiere que lo santifiquemos, que pensemos por adelantado en cómo hacerlo. Algo que necesita ser planificado con anticipación, debe ser particularmente importante.

    Este texto nos instruye a ordenar nuestras obligaciones temporales por adelantado, a fin de que podamos tener nuestro día de reposo libre de perturbaciones, para su debida santificación. Muchos pierden la bendición del “shabat”, el descanso que sus almas podrían encontrar en Dios y en su Palabra, sólo por no ordenar por adelantado los quehaceres, y librar al Día de Reposo de las tareas o visitas que impiden santificarlo. En efecto, muchos sufren inconvenientes que podrían haber evitado, si hubiesen recordado oportunamente este Mandamiento: “¡Acuérdate del Día de Reposo para santificarlo!”

    ¿Qué podemos hacer para santificar el día de reposo? ¿Cómo se lo santifica, y cómo se lo profana? Lutero lo expresa en un breve -pero completo- resumen cuando dice: “Debemos temer y amar a Dios, y no tener en poco la predicación y su Palabra. Mas debemos tenerla por santa, oírla y aprenderla de buena gana”.

    Esto es lo que demanda el mandamiento del día de reposo, en el Nuevo Testamento.

    Si tenemos una actitud favorable a la Palabra de Dios, entonces sin duda también santificaremos el día de reposo concretamente. Es difícil recomendar a cada cristiano en particular qué se puede hacer durante el día de reposo, porque las circunstancias varían mucho. Y porque no se santifica el día de reposo con cultos y obras, si no proceden del amor y temor a Dios y a su Palabra. Pues sin este amor y temor a Dios, son pura hipocresía. El Espíritu de temor y amor a Dios debe vivir primero en nuestro corazón. Y Él nos dirá qué acciones concretas hacer, o cuáles dejar de hacer, en cada caso. Lo más importante siempre es el temor y amor a Dios, de modo que no tengamos en poco su Palabra, sino que la tengamos por santa, la oigamos y aprendamos de buena gana.

    Lo que el Tercer Mandamiento prohíbe, es la actitud mundana e impía que desprecia la santa Palabra de Dios, y por lo tanto también busca hacer lo que le agrada a la carne en el Día del Señor. En efecto, si miramos qué hace la gente mundana por lo general en este día, vemos cosas tan corruptas, que nos dan ganas de llorar de pena. Con respecto a la institución del Sábado, la primera alusión al mismo en la Escritura son las palabras de Génesis 2:3: “Y bendijo Dios al día séptimo y lo santificó”. El séptimo día fue bendecido por Dios; por eso, durante el Antiguo Testamento, fue un día especialmente separado para Dios. Dice el Génesis que Dios santificó ese día. El día de reposo, debía ser el más sagrado de todos los días de la semana, apartado para cosas sagradas y celestiales.

    También en el presente, en los tiempos del Nuevo Testamento, Dios desea comunicarse con los seres humanos en forma especial, y darles sus bendiciones en el día de reposo. Bendiciones tan maravillosas, que sólo podrán ser apreciadas en toda su magnitud ante el trono de Dios. Bendiciones sublimes, que comienzan aquí y serán plenas en la eterna felicidad en el cielo.

    Pero da pavor pensar en lo que este día llegó a ser para el mundo infiel: En vez de bendición, una gran maldición, y el día más profanado de todos. Los días laborales podrían llamarse santos, si los comparamos con la manera en que el mundo observa el día de reposo. En los días laborales la mayoría de los hijos del mundo desempeñas las tareas de sus respectivas vocaciones. Pero en el día de reposo quieren divertirse dando rienda suelta a la carne, tratando de satisfacer sus malos deseos: Glotonería, juegos de azar, bailes desenfrenados y promiscuidad borrachera, sexual. Otros se permiten libertades menores y más refinadas, como la holgazanería, los chismes, espectáculos destructivos y diversiones en malas compañías. Además, cosas que en sí mismas son inocentes y que podrían dejarse para otros días, como trabajos o estudios, se convierten en pecados cuando se realizan en el día del Señor, que fue destinado a la santificación.

    Teniendo en cuenta todo esto, el “Día de Reposo” del mundo podría llamarse: “El día para pecar”.

    El día de reposo también puede llegar a convertirse en maldición, para los que guardan reposo externamente, e incluso asisten a la iglesia, pero que al oír la Palabra de Dios se resisten al arrepentimiento y a la fe. Atraen maldición sobre sí mismos, porque oyen y no reaccionan. Hubiera sido menos grave para ellos si en el día de reposo hubieran hecho sólo tareas seculares. La consecuencia de oír la Palabra de Dios de esa manera, es el endurecimiento de su corazón y el oscurecimiento de su espíritu. Cuanto más se ejercita la mente en oír la Palabra en vano, tanto más embotada y cerrada queda. Quien oye la Palabra de Dios, pero no quiere someterse honestamente a ella, inmediatamente queda endurecido. Y de ese modo el día que el Señor bendijo e instituyó para bendición, se convierte en maldición para el oyente impenitente y falso.

    Publicado por editorial El Sembrador