23 de enero 2026

    23.No tomarás el Nombre de Jehová tu Dios en vano.Éx.20:7

    Cuando abordamos el tema del uso del nombre de Dios entre nosotros, encontramos tantos abusos que dan ganas de llorar. Pensemos en la forma más común y menos tenida en cuenta de tomar el Nombre de Dios en vano, cuando lo pronunciamos de manera completamente superficial. Al hacerlo, generalmente no se quiere decir algo malo. Posiblemente ni se sepa porqué se emplean los sublimes nombres de Dios o Jesucristo. A veces es un relleno superfluo; otras veces nombramos a Dios para expresar una emoción intensa.

    De todos los pecados del mundo posiblemente no haya otro que revele tanta liviandad como éste, si tomamos en cuenta que ni siquiera se lo considera pecado. Pero este pecado revela muchas cosas de la persona que lo practica y también de la maldad de Satanás, de su poder y dominio sobre los hijos de este mundo.

    No hay otro mandamiento de Ley de Dios que los hijos de este mundo consideren menos importante que el Segundo. Para los incrédulos no hay pecado menos comprometedor y menos grave, que nombrar a Dios en vano. Decir que eso es un pecado sería una ridícula exageración… Pero Dios nuestro Señor tiene otra opinión, por cierto. No sólo ha colocado este Mandamiento junto al primero y mayor, sino también ha agregado una terrible amenaza para el transgresor, es decir: “Porque no dará por inocente Jehová al que tomare su Nombre en vano”.

    Piensa seriamente qué significa que un ser humano pueda desarrollar el hábito de tomar el nombre de Dios con su lengua en forma descuidada, sin propósito alguno. ¿Qué revela eso? ¡Algo terrible! Revela nada menos que una mente impía; ideas equivocadas del ser humano pecador. Y algo mucho más repudiable todavía: un gran desprecio hacia Dios y una impiedad que corresponde al infierno.

    Las caídas en los peores pecados no pueden demostrar una mente más impía que el hábito de pronunciar ligeramente el nombre de Dios. Porque la caída en un grave pecado no significa necesariamente que el pecador tenga una mente impía; sin embargo, el hábito de tomar en vano el nombre de Dios, es en sí mismo una prueba de impiedad.

    No sostengo que lo opuesto, que evitar tomar el nombre de Dios en vano demuestre que una persona tiene la verdadera fe y una mente temerosa de Dios. Porque ese hábito piadoso también se puede deber a una buena educación.

    Pero despreciar y pecar libremente contra un Mandamiento de Dios, siempre es prueba de impiedad. Además el Segundo Mandamiento revela cuál es la “piedad” natural del corazón humano. Dios no tiene ninguna importancia para él. La Palabra y el Nombre de Dios no son para él más que un ligero soplo, por eso no le da importancia al Segundo Mandamiento. El Cuarto Mandamiento, honrar a padres y superiores, por supuesto es importante, porque nos agrada que los hijos y empleados nos respeten.

    El Quinto mandamiento: “¡No matarás!” nos parece importante, porque es terrible y mucho peor, que lo maten a uno.

    Por razones similares nos parecen importantes el Sexto, el Séptimo y el Octavo Mandamiento. Pero el uso del Nombre de Dios… ¿qué importancia podrían tener? Tal es la “piedad” del mundo.

    “La serpiente antigua” (Ap.12:9) ha engañado a todo el mundo y sabe muy bien qué importante es para el avance de su dominio, que se pronuncie el Nombre de Dios superficialmente. No pudo inventar un método más eficaz para oponerse al Señor en la mente humana. Porque si todos los días oyen nombrar a Dios en vano, terminan acostumbrándose; y entonces es muy difícil que tomen en serio el Nombre y la Palabra de ese Dios. Sin dudas, es un macabro plan.

    Esa es la razón por la que la gran masa que no tiene la verdadera fe en Dios, no obstante toma en vano su Nombre, continuamente; sólo por eso lo nombran.

    El hombre natural tiene en su carne numerosas motivaciones para toda clase de pecados, como la ira lujuria, robo e injusticia. Pero ¿cuáles podrían ser las razones para tomar el nombre de Dios en vano? ¿Acaso se satisfacen con eso las codicias carnales? ¿Qué otra razón podría tener el mundo para desafiar tan abiertamente este Mandamiento y la amenaza de Dios a los transgresores? Pensemos en la razón arriba expuesta. Sí, eso es lo que descubrió “el príncipe de este mundo” para contrarrestar el avance del Evangelio (Jn.16:11; Ef.6:12).

    Tiene en marcha su macabro plan y su perversa estrategia. Viendo esa satánica intención detrás del desprecio al Segundo Mandamiento, quieran todos los cristianos mostrarse doblemente celosos por cumplirlo. Y que adviertan en todo lugar contra la práctica estupefaciente de este pecado, reprendiendo y censurando el abuso donde haga falta y sea posible. Quieran todos los padres y maestros velar por los niños a este respecto, tratando de inspirarles el mismo rechazo al abuso del Nombre de Dios, ¡que ante el propio diablo y el infierno!

    Publicado por editorial El Sembrador