23 de diciembre 2026

    23.¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!Lc.2:14

    El día que Jesús nació, un ángel del Señor anunció a unos pastores de Belén: “Os ha nacido hoy… un Salvador. Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios y decían: ¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!” (Lc.2:11,14).

    ¡Cómo tendríamos que alegrarnos y cantar a Dios esta alabanza nosotros, que somos parte de la humanidad tan altamente bendecida por Él! ¡Nosotros que somos destinatarios de estas “nuevas de gran gozo”!

    Si comprendiésemos bien este milagro de gracia y el amor divinos, difícilmente podríamos vivir de tanta alegría. El eterno Dios se convirtió en un niño pequeño. El Creador yace en el heno, en un pesebre, y se entrega a nosotros. Si verdaderamente creemos esto, no podremos dejar de exclamar llenos de gozo: ¡Gloria a Dios en las alturas!

    Los creyentes nos alegramos por la navidad más que por cualquier otra cosa en el mundo. Disfrutamos de un gozo que solamente conocen los que tienen la verdadera fe. El gozo del cristiano, indica el nivel y la calidad de su vida espiritual. El auténtico gozo en Cristo y por medio de Cristo es característico del verdadero cristiano.

    Hay mucha diferencia entre los distintos tipos de gozo. Podemos sentirnos felices en la fiesta de navidad, aún sin ser creyentes. Pero ese no es el verdadero gozo por el nacimiento de Cristo. No es el gozo que inspira amor y alabanzas a Dios.

    Muchos van más lejos. Son muy religiosos, piados, celosos de Dios y activos en sus iglesias. Pueden pensar y hablar sabiamente de cuestiones espirituales. Pueden orar, luchar y hacer muchas buenas obras tratando de alcanzar la salvación. Pero les resulta imposible alegrarse en el Salvador. No hablan ni siquiera una sola hora sobre Él, confesándolo, alabándolo y regocijándose por su obra. ¿Qué demuestra eso? Que Cristo todavía no ha llegado a ser el mayor tesoro y consuelo de sus vidas. Todavía no creen verdaderamente en Él. No han recibido el Espíritu que da vida. Son los que tienen confianza en la carne, o en las apariencias religiosas, como los fariseos. Cristo no tiene mayor importancia para ellos. Permanecen en la incredulidad, debido a pecados secretos o a sus intentos por justificarse a sí mismos.

    La Escritura no puede ser anulada. Ella dice: “El fruto del Espíritu es amor, gozo, paz” (Gá.5:22). “El reino de Dios es justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo” (Ro.14:17). Donde no hay paz ni gozo en el Espíritu Santo, allí no hay vida espiritual, ni ha llegado aún el reino de Dios. Dice también la Palabra de Dios: “Creí, por lo cual hablé” (2 Co.4:13), “Donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” (Mt.6:21), “De la abundancia del corazón habla la boca” (Mt.12:34). Así, uno puede sacar la conclusión de que la gente que no quiere hablar de Jesús, no se alegra verdaderamente en Él. Antes prefieren hablar de otras cosas, que por cierto pueden ser importantes. Pero así demuestran que Cristo no es el fundamento de la fe de sus corazones, y que hay otras cosas que son más importantes y que causan más alegría.

    En fin, si aún no has sido consolado por Cristo ni hallado tu alegría en Él; si no has comenzado a hablar de Él, a alabarlo y confesarlo ante los demás, todavía no tienes la fe en Cristo. Puede que estés esclavizado aún por el pecado, o viviendo despreocupadamente y estés espiritualmente dormido. O puede ser que estés bajo la tiranía de la ley, intentando ser justo por tus propios méritos…

    Los israelitas, después que fueron liberados del cautiverio babilónico, dijeron: “Junto a los ríos de Babilonia, allí nos sentábamos, y aún llorábamos acordándonos de Sion. Sobre los sauces en medio de ella colgábamos nuestras arpas. Y los que nos habían llevado cautivos nos pedían que cantásemos, y los que nos habían desolado nos pedían alegría, diciendo: Cantadnos algunos de los cánticos de Sion. ¿Cómo cantaremos cánticos de Jehová en tierra de extraños?” (Sal.137:1-4).

    Querer ayudar a una persona sin vida espiritual y que no conoce a Dios a que se goce espiritualmente, es inútil. Es tan imposible como que la nieve y el hielo puedan arder. Uno puede hablar y cantar, pero sólo el corazón liberado puede alegrarse verdaderamente.

    Y nadie puede forzar esa alegría. Alegrarse por el nacimiento de Cristo y alabarlo por su obra salvadora, es un fruto del Espíritu. Es un regalo de la gracia de Dios.

    En la Jerusalén celestial se entonará un cántico de alabanza al Cordero que fue inmolado. Y nadie puede aprender ese cántico sino los que fueron redimidos de entre los de la tierra (Ap.14:1,3). Tampoco puede alguien saborear el verdadero gozo, sino los verdaderos cristianos.

    Esto debe ayudarnos a examinarnos a nosotros mismos. Aquí se nos recuerda cuál es el fundamento del gozo verdadero: Comprender la gravedad de nuestro pecado, y hallar la redención solamente en Cristo. En pocas palabras, son necesarios el arrepentimiento y la fe.

    Publicado por editorial El Sembrador