22.Y mientras comían, Jesús tomó pan y bendijo, y lo partió y les dio, diciendo: Tomad, esto es mi cuerpo.Mr.14:22
Lo primero que el cristiano debe recordar, si desea tener luz verdadera sobre la Santa Cena, provecho espiritual y gozo al participar de ella, y más aún, si no desea atraer perdición sobre sí, es que nadie debe participar mirando sólo lo que percibe la vista natural, ni aceptando solamente lo que entiende la razón.
Se requiere algo más, es decir, visión y sensibilidad espiritual. Es necesario mantener la vista fija en la Palabra de Dios. Hay que tener el precioso y divino don de la fe; el don de la gracia de Dios. Si me acerco a la Mesa del Señor únicamente con percepción natural, como la de los animales, todo lo que encontraré serán solamente ceremonias religiosas, pan y vino, pero nada divino, celestial ni glorioso.
De igual modo, si quiero pensar y opinar sobre el contenido y el valor de los sacramentos únicamente de acuerdo a mi inteligencia racional, entonces en vez de ser edificado en la fe y refrescado en mi cristianismo, me convertiré, -al contrario-, en un rudo menospreciador, hereje y burlador del sacramento. ¡Ah! La Santa Cena es un signo y una piedra de tropiezo, en la que muchos tropiezan, caen y quedan atrapados por su incredulidad.
No solamente las personas mundanas, sino también todos los verdaderos creyentes, durante toda su vida, tienen que tener esto en cuenta. Porque si bien has sido bendecido y has gustado la gloria y dulzura del Señor en la Santa Comunión centenares de veces, el diablo siempre tratará de privarte de esta bendición, de este cielo en la tierra. Y lo intentará de muchas maneras. Cuando estés algo más holgado, muy tranquila y hábilmente te tentará para que pienses críticamente sobre la Santa Cena, en base a razonamientos, de modo que este gran misterio de Dios quede sometido al juicio de tu razón y de tus sentidos naturales. Y si logra que tratemos de calcular y comprender ¿cómo puede ocurrir esto o aquello, cómo es posible?… pronto ganará la batalla y nos privará de todo beneficio.
Por eso los cristianos debemos recordar que la Santa Comunión es un misterio; es uno de los sublimes misterios, que la pobre inteligencia humana jamás podrá comprender y explicar en esta vida. Estas cosas las debemos creer en base a la Palabra de nuestro omnipotente y veraz Dios. Sí, la Santa Comunión es uno de los mayores misterios de Dios, y no es sin motivo que los antiguos la denominaron “el misterio de los misterios”. Pero la entenebrecida y perversa razón humana ¡quiere entender y opinar en esto! ¡Dios nos libre!
No necesitamos preocuparnos por entender el misterio de la Santa Cena. ¡No! Solamente tenemos que confiar en la omnipotencia y veracidad del Dios, que nos ha dado este santo sacramento. Tan pronto como nuestra razón quiere comenzar a descifrar cómo es posible que se cumpla lo dicho por Cristo, inmediatamente debemos saber que se trata de una tentación; que está presente el diablo, esa serpiente antigua que con su astucia sedujo a Eva; e inmediatamente debiéramos invocar el nombre y la ayuda de Dios, como ante la muerte súbita o contra el mismo infierno. Si no quieres hacer esto, y prefieres hacerle concesiones a tu razón, ¡hazlo y corre el riesgo de convertirte en un hereje!
A quienes se sienten acosados por ciertas dudas acerca del contenido del Sacramento, nuevamente les vendría bien pensar primero en el Autor del mismo. Porque, ¿quién ha instituido la Santa Cena? Es tu Creador y tu Redentor; el Altísimo que permanecerá para siempre. Es el Omnipotente, el Primero y el Último; el que es, el que era, y el que vendrá. Dios era el Verbo, “y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad. Todas las cosas por Él fueron hechas, y sin Él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho” (Jn.1:1ss).
¡Alza tus ojos y mira sus obras! ¡Mira el sol, las estrellas, toda la creación! Todo fue hecho por el Señor Dios. Y “Él sustenta todas las cosas con la Palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de Sí mismo” (He.1:3). ¿Te parece que hay algo imposible, o siquiera demasiado difícil para Él? ¿Qué le puede resultar más fácil al Omnipotente que hacer lo que desea hacer? Tú no entiendes cómo puede dar su verdadero cuerpo y su verdadera sangre de modo imperceptible en la Santa Cena. Tu pobre razón se niega a aceptarlo. Pero ¿acaso entiendes cómo pudo crearlo todo de la nada?
¿Qué sabemos nosotros? ¿Y qué no sabe hacer el Omnipotente? Además: ¿Acaso diría algo que no haría? ¿Podría mentir el Santo? ¿Quieres blasfemar de esa forma contra tu Creador y piadoso Salvador, que hizo miles de milagros incomprensibles en la creación? Luego se hizo hombre y realizó muchos milagros visibles durante su vida en la tierra, y los aceptamos como tales, aunque no los entendamos. Finalmente quiso realizar un milagro muy especial, que no es visible más debe ser creído y aceptado en base a su Palabra. ¿Y nosotros vamos a oponerle las objeciones de nuestra razón, tratando a Jesús como a un mentiroso y diciendo: “¿Cómo puede ser que Jesucristo nos de su verdadero cuerpo y sangre, con el pan y el vino?. ¡Eso no es posible!”
Dios permite que caigan en semejante blasfemia los espíritus arrogantes, como castigo por su presunción. ¡Ah, que el Señor nos guarde de esa blasfemia!