21.Y este será mi pacto con ellos, cuando yo quite sus pecados.Ro.11:27
Dios, el Todopoderoso dice: “Este será mi pacto con ellos, cuando yo quite sus pecados”. Este es el testamento de Dios. La voluntad de alguien, se convierte en un testamento irrevocable cuando es “confirmado por la muerte del testador” (He.9:16). Es su última voluntad. Uno no debe cambiar nada.
Como explica el apóstol en Gálatas 3:15: “Una vez ratificado un pacto, nadie lo invalida, ni le añade”. Y Dios dijo que haría un pacto así con el infiel pueblo de Israel. ¿En qué consiste tal pacto? El mismo Señor dice: “Yo quitaré sus pecados”. En Jeremías 31 Él describe ese pacto: El nuevo pacto no sería igual que el antiguo que hizo con sus padres, cuando los tomó con su mano para sacarlos de Egipto y los llevó al Sinaí. No, sino que sería un pacto nuevo y diferente. La diferencia sería que, en el primer pacto, la ley estaba escrita en tablas de piedra y fue dada a corazones rebeldes, a los que Él tuvo que obligar. Pero en el nuevo pacto, la ley estaría escrita “en sus corazones y mentes” (He.10:16). además en el primer pacto el pecado no sería perdonado, sino que debía ser castigado. En el segundo pacto, Dios “perdonará la maldad de ellos y no se acordará más de su pecado” (Jer.31:34). Así, pues, los rasgos característicos del Nuevo Pacto son el perdón de los pecados y la transformación de los corazones. Es un pacto de gracia, como lo declara el Señor reiteradamente.
Dios quiso hacer semejante pacto con el infiel pueblo de Israel. ¡Cuán inmensa y profunda es la gracia de Dios! Los israelitas habían pecado terriblemente, pero Dios, aún así quiso hacer un nuevo pacto con ellos: Él mismo quitaría sus pecados. Por cierto, antes Dios descargó su justa ira sobre ellos. Él cegó su entendimiento; los afligió con plagas; Jerusalén fue destruida y fueron llevados en cautiverio. Pero después, Dios quiso mostrarles otra vez su gracia, en el nuevo pacto que había sido prometido. Quiso perdonarles y tratarlos siempre bien. Así es el Señor, nuestro Dios. Todo esto fue escrito para nuestra enseñanza. Si Dios perdona a gente como los israelitas y se olvida de sus pecados, ¿a quiénes no les podría perdonar? ¿Qué pecados no podría perdonar? Sin duda, entre los peores y más graves pecados están los que se cometen después de haber recibido abundante gracia, tanto como tener que reconocer que recibimos el misericordioso perdón de Dios, y conocíamos su santa voluntad, pero a pesar de ello volvimos a pecar. Pero así era con Israel. Sus pecados eran tremendos.
Y aun así. Dios quería perdonarles todo, si tan sólo “no permanecían en la incredulidad” (Ro.11:23). Él quería “quitar sus pecados”, limpiarlos por medio de la sangre propiciatoria, y tratarlos bien, comprobando y confirmando lo que había dicho por medio de Isaías: “…si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana” (1:18).
Préstale atención a las palabras: “Cuando yo quite sus pecados”. Dios fue ofendido, pero aun así, Él quería borrar los pecados personalmente. Es natural que pensemos que primero debemos librarnos del pecado, y recién entonces Dios será misericordioso con nosotros. Pero aquí y en toda la Palabra de Dios podemos leer que Él -personalmente- quiere quitar nuestros pecados. Y esto tiene dos aspectos: Primero, Él quita la culpa del pecado por medio del perdón y la reconciliación, de modo que ya no somos condenados. Al contrario, siempre estaremos en un reino de gracia, y el pecado que todavía está en nuestra carne y que se manifiesta a menudo, nunca nos será atribuido. No, sino que ante los ojos de Dios será como si no existiese ningún pecado, sino tan sólo enfermedad y sufrimiento, de los cuáles Él quiere consolarnos. Sí, Él se “compadece de nuestras debilidades” (He.4:15).
En segundo lugar, Dios también quitará el poder del pecado, de modo que ya no estaremos dominados por él. Así podremos vivir de una manera diferente a la de la mayoría de la gente del mundo. El Señor personalmente nos disciplinará por medio de su Espíritu, haciendo morir el pecado y santificando toda nuestra vida. El Señor hará todo eso personalmente. ¡Piénsalo!
Generalmente creemos que, aunque Dios perdone nuestros pecados por medio de Cristo, nos toca a nosotros erradicarlos y librarnos de ellos. Pero el Señor dice: “pondré mis leyes en sus corazones y en sus mentes las escribiré” (He.10:16). “Pondré mi temor en el corazón de ellos, para que no se aparten de mí” (Jer.32:40). “Porque Dios es el que produce en vosotros así el querer como el hacer, por su buena voluntad” (Fil.2:13). “No que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra competencia proviene de Dios” (2 Co.3:5).
Así que todas las amonestaciones y exhortaciones deberían enseñarnos a buscar y recibir todo de parte de Dios, por pura gracia, y a alabarlo a Él por todo.