2 de septiembre 2026

    2.Cristo, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos. Amén.Ro.9:5

    Siendo que esto se dice de Cristo mismo, -es decir que “Él es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos-, tenemos aquí uno de los testimonios más notables de la eterna divinidad de nuestro Señor Jesucristo. Primero el apóstol había hablado de su parentesco humano. Luego creyó oportuno recordar con toda claridad también su origen y naturaleza divina. Y lo hace aquí en palabras tan categóricas e inconfundibles, que este texto siempre le causó gran preocupación a los enemigos del Señor, que niegan su divinidad, y que en su insensatez no lograron desechar toda la Escritura.

    Pero, para todos los creyentes, particularmente aquellos que fueron bombardeados con los dardos encendidos de la duda, este texto es sumamente precioso. Aún si nunca hemos dudado de la divinidad de Cristo, ¡reflexionemos en la majestuosidad y en el valor de la fe que confesamos! ¿Crees realmente que fue el Dios eterno el que se hizo hombre igual a nosotros, sólo que sin pecado? ¡Piensa en lo que eso significa y lo que proclama! ¡Y piensa en lo que sería si no tuviésemos suficiente testimonio de ello! Pero gracias a Dios, los testimonios de la Escritura son totalmente suficientes y categóricos en este asunto, tan vital para nuestra salvación. Entre la multitud de esos testimonios mencionaré sólo los que nos dicen qué fue y qué hizo Cristo antes de encarnarse.

    Jesús le dice a su Padre: “Holocaustos y expiaciones por el pecado no te agradaron. Entonces dije: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad, como en el rollo del libro está escrito de Mí” Y: “Por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, Él también participó de lo mismo” (He.10:6-7; 2:14).

    Estos pasajes afirman que Cristo existió aun antes de asumir forma humana. Lo mismo dice el notable pasaje de Jn.1:1-14 : “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Éste era en el principio con Dios. Todas las cosas por Él fueron hechas, y sin Él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho… Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del Unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad”. Aquí dice claramente que el mismo Creador, que lo creó todo en el principio, se encarnó y vivió entre nosotros.

    También en Filipenses 2:6-11, donde se habla de la humillación de Cristo dice: “…el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en condición de hombre…” Aquí se dice que Cristo adoptó forma de siervo y se hizo hombre. Por consiguiente ya existió antes de dar ese paso. Y Él mismo declara que estuvo en el cielo antes de venir a la tierra: “Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre que está en el cielo” (Jn.3:13). En el v.31 Juan Bautista afirma lo mismo de Él: “El que de arriba viene, es sobre todos”. Y en Juan 6:38 Jesús dice otra vez: “Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió”. Y en el v.62: “¿Pues qué, si viereis al Hijo del Hombre subir adonde estaba primero?” Y Jn.17:5: “Ahora pues, Padre, glorifícame Tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese” ¡Ah, escuchemos bien estas palabras! Él estuvo con Dios Padre antes de que este mundo existiese.

    En muchos pasajes también se dice que todas las cosas fueron creadas por el Hijo. Además del pasaje arriba citado del evangelio de San Juan, capítulo 1, leemos también en Colosenses 1:16 acerca del “amado Hijo” de Dios: “En Él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de Él y para Él”. Y en Hebreos 1:2: “…por quien asimismo hizo el universo”.

    Esos pasajes dicen con explícitas palabras que Jesucristo, el mismo que anduvo aquí en el mundo entre nosotros, es también el omnipotente Creador, que ha creado todas las cosas, y que hizo eso antes de llegar a ser hombre. Tal persona no puede ser otro que el mismo eterno Dios.

    También el profeta Miqueas dice que el niño que habría de nacer en Belén ya existía desde la eternidad: “Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y su salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad” (5:2). De igual modo el propio Señor Jesús les dijo a los judíos con majestuosa calma: “De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, soy Yo” (Jn.8:58). Y así, podríamos seguir citando muchos pasajes bíblicos que proclaman esa verdad. Pero, ¡contentémonos con poder adorarlo!

    A la declaración de que Cristo es Dios, bendito por los siglos, el apóstol la remata con un categórico “Amén”. La palabra amén era una palabra de confirmación, corroborando que lo dicho era una importante e incuestionable verdad. Así, la verdad de que Jesucristo es el eterno Dios, también queda confirmada aquí. Nos lo revelan los textos bíblicos citados. ¡Cristo es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos! Y esto le confiere el grande y exclusivo valor a su sacrificio en la cruz, mediante el cual nos ha redimido.

    Publicado por editorial El Sembrador