19.El que rescata del hoyo tu vida, el que te corona de favores y misericordias.Sal.103:4
Cuando Dios le perdona a alguien todos sus pecados y lo sana de todas sus dolencias y deficiencias, esa persona no sólo es preservada de la ira y condenación divinas, sino que también es objeto del más inconcebible amor de parte de Dios: Del gran amor divino que sobrepasa todo entendimiento. Él lo abraza con un entrañable cariño, como el de una madre hacia su bebé, o como el de un novio hacia su novia. Esto es algo maravilloso y glorioso, y Dios nos lo reveló en la Sagrada Escritura, que contiene muchas palabras sublimes acerca de eso.
El Señor Jesucristo lo enseñó enfáticamente al hablar del padre del hijo pródigo, cuando fue recibirlo de nuevo (Lc.15:11-32). Y el profeta Isaías dice: “Como el gozo del esposo con la esposa, así se gozará contigo el Dios tuyo”. “Serás llamada Hefzi-bá, porque el amor de Jehová estará en ti” (Is.62:5,4b). Y el Señor dice de sus fieles: “Me alegraré con ellos, haciéndoles bien”. “Haré con ellos un pacto eterno, que no me volveré atrás de hacerles bien, y pondré mi temor en el corazón de ellos, para que no se aparten de mí” (Jer.32:40-41). Y por boca de otro profeta, repite: “¿Qué haré a ti, Efraín? ¿Qué haré a ti, oh Judá?…Porque misericordia quiero, y no sacrificio” (Os.6:4,6).
Cristo mostró claramente que el corazón de Dios abraza con ese amor a todos los que invocan al Señor, aunque fuesen pecadores extremadamente indignos. Porque cuando los fariseos protestaron contra su gran bondad con los publicanos y pecadores, contestó: “Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio” (Mt.9:13).
Quien cree en Él, por más inmundo y pecador que fuese, inmediatamente recibirá el más cálido amor. Y de ahí en adelante, Dios conducirá a esa persona durante toda su vida con su misericordia, y la preservará de todo mal. Su alma estará libre para siempre de la perdición eterna. Ha sido redimida por un Hombre de la misma especie. Y en su vida temporal disfrutará el cuidado particularmente piadoso del mismo congénere: Jesús, “Emanuel”, nuestro Salvador.
Sí, por todos lados lo rodearán los beneficios y las misericordias de Dios, así como una corona dorada rodea, cubre y adorna una cabeza. Este es el sentido de las palabras: “El que rescata del hoyo tu vida, el que te corona de favores y misericordias” (Sal.103:4). Porque la palabra hebrea “rescatar” significa que una persona de la misma familia se interesa tanto por un pariente, que compra su libertad y la rescata de la esclavitud Lo que sigue en el Salmo 103 corresponde al mismo cariñoso cuidado de parte de Dios: “El que sacia de bien tu boca, de modo que te rejuvenezcas como el águila”. Como se renueva el águila cuando pierde su viejo plumaje y recibe el nuevo, así somos renovados también nosotros, cuando el Señor refresca nuestras almas con su consuelo. Y si el Señor no nos da el don de la fe, no es posible encontrar consuelo y paz en todo el mundo.
Él es el iniciador y consumador de nuestra fe. Más aún: Si alguien nos oprime o juzga injustamente, el Señor juzga correctamente, nos protege y ayuda en nuestra causa. Como dice aquí: “Jehová es el que hace justicia y derecho a todos los que sufren violencia”. Por ejemplo: Nuestros más temibles enemigos nos humillan de la peor manera posible. Desvirtúan nuestras palabras y nos insultan llamándonos herejes y falsos cristianos. Y nosotros guardamos silencio, si bien muchas veces podríamos rebatir con claros argumentos sus insultos. Pero nos callamos y comportamos como “sordos que no oyen, como mudos cuya boca no pronuncia reprensión” (Sal.38:13).
Dios nos defenderá, con tal que sepamos creer, descansar y esperar en Él. “Jehová hace justicia y derecho a todos los que padecen violencia” (Sal.103:6) ¡Cuán fiel y misericordiosamente se comportó el Señor con Moisés y los hijos de Israel! “Sus caminos notificó a Moisés, y a los hijos de Israel sus obras” (Sal.103:7).
No necesitamos dudar de la voluntad e intención del Señor. Recordemos que Dios se reveló en el mundo, en la persona de Jesús. Él mismo nos dijo cuál es su voluntad y su plan en cuanto a nuestra salvación. Más aún: nos mostró por medio de grandes milagros quién es Él. Demostró ser el Omnipotente Creador.
Si tenemos esto en claro ya no andaremos vagando indecisos, adivinando y tanteando al azar en cuanto a la voluntad e intención de Dios con respecto a nosotros. Tan sólo hemos de investigar en la Palabra de Dios. Ahí veremos cuáles son sus planes y cuál es la intención de su corazón. Así obtendremos la seguridad en cuanto a lo que Dios piensa de nosotros, como si la sentencia ya hubiese sido declarada. ¡Ah, qué inmensa gracia!