19 de diciembre 2026

    19.Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros.Ro.8:11

    Dios vivificará tu cuerpo mortal. Aquí se nos dice que los mismos cuerpos terrenales que se entierran, serán levantados, restaurados y glorificados por el todopoderoso Dios.

    Estas cosas ya le habían sido reveladas en la antigüedad a Job el patriarca quien dijo: “Y después que deshecha este mi piel, en mi carne he de ver a Dios” (Job 19:26). Y también Isaías dijo: “Tus muertos vivirán; sus cadáveres resucitarán. ¡Despertad y cantad, moradores del polvo! Porque tu rocío es cual rocío de hortalizas, y la tierra dará sus muertos” (Is.26:19).

    En el día del Fin del mundo, cada alma volverá a juntarse con su propio cuerpo. Con ese cuerpo que hubo servido a Dios o al diablo. En este tiempo presente el cuerpo es el instrumento del alma. Por eso, recibirá recompensa o castigo en el más allá. Todo dependerá si ha servido al pecado en el reino de las tinieblas, o a Cristo y a su causa, haciendo el bien. Los cuerpos resucitados serán transformados y adaptados para vivir eternamente. Lo corruptible necesita ser hecho incorruptible. Y los que estuvieron unidos a Cristo tendrán sus cuerpos semejantes al cuerpo glorificado de Cristo.

    En este tiempo presente, ellos llevaron la imagen del primer Adán, una imagen que era de la tierra, terrenal. Así, en la resurrección, llevarán la imagen del segundo Adán, una imagen que es celestial.

    En Filipenses 3:21 leemos que nuestro Salvador Jesucristo “transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas” (Fil.3:21). Cuando Cristo se transfiguró ante sus discípulos “su rostro resplandeció como el sol y sus vestidos se hicieron blancos como la luz” (Mt.17:2). Así, también “los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre”, de acuerdo a las palabras del propio Jesucristo (Mt.13:43).

    ¡Quiera el Señor aumentar nuestra fe! El misterio y la gloria de la resurrección están más allá de nuestro entendimiento racional. Si uno depende de su intelecto, permanecerá en la oscura noche de la duda y la incredulidad. Lo decisivo es saber en quién uno cree: recordar que Dios es todopoderoso y fiel. Entonces uno puede estar seguro de la resurrección. Pero, ciertamente es necesario orar a Dios por el don de la fe.

    El varsiculo tambien dice: “Por su Espíritu, que mora en vosotros”. Al repetir su mención al Espíritu de Dios, el apóstol enfatiza el fundamento de la gloriosa resurrección. Es decir, que el Espíritu de Dios actualmente habita en los creyentes. Él quiere decir: ¡Piensen! Ya en esta vida Dios les ha dado su Espíritu. Vuestros cuerpos son templos de Dios en la tierra. En ellos Dios habita y obra. Él ha santificado y purificado vuestros cuerpos.

    ¡Eso indica que Él quiere glorificarlos! Sería una ofensa a la majestad y gloria del Espíritu si vuestros cuerpos, que son templos suyos, fuesen destruidos.

    Es correcto y está bien que por lo menos creas en la inmortalidad del alma. Pero sin dudas es de vital importancia que creas todo lo que dice la Palabra de Dios, y no que selecciones y aceptes solamente lo que te parece razonable, poniendo en tela de juicio todo lo demás. Si haces eso, estás desviado del camino de la fe. Y se puede afirmar que ya no estás creyendo en la Palabra de Dios. En ese caso estarías siguiendo tus propias ideas, lo que tu limitada y pervertida mente aprueba.

    Nuestro Señor hablaba a menudo sobre la vida en el más allá, como cuando dijo: “Yo le resucitaré en el día postrero” (Jn.6:40). Sin duda Él se refería también a los cuerpos, y no sólo a las almas. Quizás te resulte difícil aceptar cómo puede ser posible que los cuerpos que han sido desintegrados en la tierra, ahogados en el mar, o quemados, puedan resucitar. Entonces, recuerda cómo al principio Dios creó todas las cosas de la nada. ¿Quién le dio a Él, el material para hacer todas las cosas?

    Contesta la pregunta que Dios le hizo a Job: “¿Dónde estabas tú, cuando yo fundaba la tierra?” (Job 38:4). Humíllate ante nuestro Altísimo y Bendito Creador. Reconoce que no eres capaz de comprenderlo todo. Confiesa que Él es Todopoderoso y capaz de obrar milagros. Y entonces ponte a mirar todo lo que Él ha hecho por nosotros. Él nos ha enviado a su Hijo, nos ha dado su Palabra y los sacramentos, y por medio de ellos nos ha dado su Espíritu. ¿No te dice todo esto que Él tiene la intención de glorificar tanto nuestros cuerpos como nuestros espíritus?

    También tú puedes afirmar que “el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno” (He.13:20), vivificará los cuerpos muertos de sus hijos, por el Espíritu que mora en ellos. ¡Sea su nombre por siempre bendito!

    Publicado por editorial El Sembrador