18 de noviembre 2026

    18.Somos coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.Ro.8:17

    “Si es que padecemos con él”. Este es el camino hacia la gloria. Recibimos como herencia la vida eterna en el cielo, sólo por haber sido adoptados como hijos de Dios; solamente porque Cristo nos adquirió ese derecho, mediante su pasión y muerte. Pero en el camino hacia la gloria, es necesario sufrir con Cristo. Esto es algo muy importante; es la marca distintiva de los auténticos herederos, de los verdaderos hijos de Dios. Los hijos falsos que no son verdaderos seguidores de Cristo, deberían temer y despertarse si no experimentaron algo de esto.

    Los creyentes en Cristo entraremos a la gloria celestial, atravesando sufrimientos en nuestra vida terrenal. Esto ha sido decidido y ordenado por Dios de tal manera, que aún Cristo, nuestro ejemplo y precursor en todo, ha recorrido ese camino y ha dicho claramente que le sigamos allí.

    Los sufrimientos que Jesucristo padeció en este mundo, tienen que ser considerados de dos maneras diferentes. En primer lugar, Él sufrió para expiar nuestros pecados. Y en segundo lugar, sufrió para alcanzar la gloria eterna.

    Como nuestro Salvador, Cristo padeció absolutamente solo; “He pisado yo solo el lagar, y de los pueblos nadie había conmigo” (Is.63:3). Él solo dio cumplimiento a las demandas de la justicia divina. Él solo obtuvo para nosotros la recompensa de la justicia, que es la vida eterna. Pero, en el otro sentido, Él fue nuestro ejemplo y guía, y nosotros tenemos que “seguir sus pisadas” (1 P.2:21) y andar como Él anduvo (1 Jn.1:6).

    Las Escrituras nos explican claramente, cómo Cristo tuvo que luchar antes de llegar a ser exaltado, y nos dicen también que, Él es nuestro ejemplo a seguir. Cristo mismo dice: “Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono” (Ap.3:21).

    En este mundo, todos los coherederos compartimos sufrimientos con el “Primogénito”. Para recibir nuestra herencia celestial, todos los herederos debemos padecer sufrimientos; y algunos “muchos sufrimientos” (Hch.14:22).

    Es necesario aclarar, que no todos los sufrimientos son una prueba de que uno está en el camino que conduce a la vida eterna y es un coheredero con Cristo. Por eso el apóstol aclara: “Si es que padecemos juntamente con Él”. Porque la Biblia también dice: “Muchos dolores habrá para el impío” (Sal.32:10).

    Todo lo que vive en este mundo, sufre. Pero el apóstol se refiere solamente, a aquellos padecimientos que resultan de estar unidos a Cristo y de seguirle a Él.

    No solo sufrimos la enemistad y el rechazo del mundo incrédulo, sino también sufrimos “juntamente con Él” todas las angustias causadas por el pecado, la carne y el diablo, que nos sobrevienen por creer en Cristo.

    Finalmente, a esto también pertenece la disciplina o corrección paternal, que siempre es una señal distintiva de los verdaderos hijos de Dios.

    Quizás alguno quiera ser un cristiano, y se alegre en la fe y en la esperanza de la vida eterna. Pero su “cristianismo” es de esa clase que le permite andar bien con Dios y con el diablo, y teniendo la aprobación de la gran mayoría. Eso es una clara señal que indica algo muy grave: Que él no es un verdadero creyente, ni un discípulo de Cristo. Está decidido y revelado en la Palabra de Dios que “todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución” (2 Ti.3:12).

    Como Cristo lo explicó claramente: “El siervo no es mayor que su Señor. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán” (Jn.15:20). Jesucristo cargó con los pecados del mundo con angustias y agonía. Él luchó en oración y sudó sangre en Getsemaní. Asimismo, todos los que tienen el Espíritu de Cristo tienen que sufrir angustia en su lucha contra el pecado que mora en ellos. Cristo fue acosado y tentado por el diablo; así también todos los cristianos serán perseguidos por el mismo enemigo, con fuertes tentaciones y dardos de fuego.

    Tal vez alguien diga que quiere ser cristiano, pero su fe y piedad es tal, que el pecado no le causa ningún problema; el diablo no lo tienta ni lo acosa; siempre se siente fuerte y tranquilo. Pero, si lo comparamos con la historia de todos los santos, es muy posible que su fe y piedad sean falsas.

    Para que los sufrimientos realmente sean un padecimiento “juntamente con Cristo”, la persona primeramente ha de ser un hijo de Dios, por medio de la fe. Tiene que ser alguien que no anda según la carne, sino según el Espíritu. Un alma guiada por el Espíritu de Dios, y que movida por el Espíritu clama: “Abba, Padre”.

    Tal persona se dará cuenta que tiene muchos sufrimientos que provienen de su propia maldad innata, del diablo, y del mundo incrédulo. Sufrimientos que no conocía antes de llegar a la fe, y que se producen solamente porque Cristo habita en él. Eso demuestra ciertamente que es un coheredero con Cristo, y que está en el camino que lo llevará a recibir la herencia eterna.

    Publicado por editorial El Sembrador