15 de noviembre 2026

    15.Bienaventurados aquellos siervos a los cuales su señor, cuando venga, halle velando; de cierto os digo que se ceñirá, y hará que se sienten a la mesa, y vendrá a servirles.Lc.12:37

    Bienaventurados aquellos siervos, dice el Señor. Y describe la inmensa felicidad que tendrán, diciendo: “De cierto os digo que (su señor) se ceñirá, y hará que se sienten a la mesa, y vendrá a servirles”. Qué significa esto solamente lo comprenderemos plenamente cuando estemos en la eterna gloria del cielo.

    Es algo que está más allá de nuestra imaginación, pero es algo real y verdadero, porque nuestro Señor dice: “De cierto os digo…” Aquí y en varios pasajes más de la Biblia, la felicidad del cielo se describe con el ejemplo de una cena, de un banquete en la mesa del Señor.

    Dios quiere mostrarnos que en la gloria eterna, Él hará inmensamente felices a los redimidos, compartiendo con ellos los tesoros de su casa. Cada ejemplo, nos muestra el corazón y las buenas intenciones del Señor, y describe diferentes aspectos de esa bienaventuranza.

    En esta parábola Cristo dice que el novio se ceñirá y servirá personalmente a sus siervos en la mesa. Ellos estarán sentados y él los atenderá. ¡Esto excede a nuestras expectativas!

    En el mundo las cosas funcionan según el otro ejemplo de Jesús, relatado en Lucas 17:7-9: Después de trabajar todo el día en el campo, al regresar a casa, el siervo primero tiene que servirle la comida a su patrón y recién después puede sentarse a la mesa. Pero aquí Cristo dice que Él, el dueño de casa, el novio que regresa de las bodas, nos servirá a nosotros, sus siervos.

    ¡Parece imposible! Pero a través de este ejemplo Jesús quiere mostrarnos la profunda comunión que tendremos con Él en el cielo… y sus buenas intenciones, cómo quiere honrar y alegrar a los creyentes. Según su plan de salvación, Él quiere compartir con nosotros algo tan sublime, que excede nuestra capacidad de comprensión; algo tan bueno, que va más allá de la lógica, como cuando el novio y dueño de casa se pusiera a servirles la comida a sus empleados.

    Jesús quiere que pensemos que en el cielo, Él no nos hará disfrutar algo que podemos imaginarnos, sino una felicidad tan grande, que supera nuestras esperanzas e imaginación. “Como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman” (1 Co.2:9).

    Al crear el universo Dios hizo cosas tan grandes y maravillosas, que la inteligencia humana no es capaz de comprenderlas. Así también, Él se mostrará extraordinariamente grande al revelar la gloria y la felicidad que ha preparado para sus amigos, cuando los reconforte y alegre en el cielo, después de haber pasado por las tribulaciones y duras luchas de esta vida.

    Cuando el Hijo de Dios habitó visiblemente entre nosotros, dio algunos ejemplos de cómo desea compartir su mesa con sus siervos, y servirles. Se destacan dos ocasiones: La primera, cuando compartió la última cena con sus discípulos. Fue cuando instituyó la Santa Cena. Ahí Él les sirvió, dándoles el pan y el vino; luego se ciñó una toalla, tomó un recipiente con agua, y les lavó los pies. Ese fue un ejemplo de lo que Él hará un día con sus siervos fieles, en la eterna fiesta de bodas en el cielo.

    La otra ocasión fue junto al mar de Tiberias, cuando el Señor preparó pescado sobre las brasas y pan para sus hambrientos discípulos. Ahí también les sirvió personalmente la comida. De esta manera nuestro Salvador nos ha dado una muestra del servicio que quiere prestarnos cuando el tiempo de nuestro peregrinaje por este mundo haya llegado a su fin.

    Entonces Él va a consolar, satisfacer y alegrar plenamente a sus amigos, en su reino de gloria. A los que por un tiempo relativamente corto buscaron Su gloria en este mundo, Él les dará eterna gloria en el cielo; a los que le sirvieron a Él y a Su causa, Él los servirá personalmente. A los que le confesaron a Él ante los hombres, Él los confesará ante su Padre y sus ángeles.

    ¡Oh, que intercambio maravilloso! ¿Y quién nos asegura que será así? ¿Podemos creerle? ¿Serán ciertas esas preciosas promesas? El que promete se llama: “Fiel y Verdadero”. Es Dios Hijo en persona. ¡Bendito sea por toda la eternidad!

    Publicado por editorial El Sembrador