14.Todos los caminos del hombre son limpios en su propia opinión; pero Jehová pesa los espíritus.Pr.16:2
Hay muchas opiniones diferentes acerca de la salvación de los seres humanos y cada uno cree que tiene la verdad. El sabio rey Salomón dijo: “Todos los caminos del hombre son limpios en su propia opinión.”
Los que están espiritualmente muertos y ciegos no se interesan en buscar la verdad, porque están convencidos de que sus ideas son las correctas. Dicen: “Haz el bien sin mirar a quién, y quédate tranquilo. Dios no te pedirá más que eso, porque Él es bondadoso y justo…” Otro dice: “No tengo ningún cargo de conciencia. No maté, no robé… confieso mis faltas a Dios y llevo una vida decente. Creo en Cristo y si hay defectos en mi vida, Dios sabrá perdonármelos.” Un tercero dice: “Dios ha visto mis lágrimas y escuchado mis súplicas. Aunque a nadie yo le importe, y me sienta totalmente abandonado, ¡Él es mi consuelo!” Un cuarto opina: “Mi corazón me dice que Dios me ama. Disfruto sus bondades y favores. No necesito nada más.” Y una persona muy seria, dice: “Para tener la salvación se necesita una dramática conversión a Dios, un sincero arrepentimiento, ¡Fe y santificación!”
Jesucristo dice a todos: “Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán” (Lc.13:24). Y San Pablo, refiriéndose a los judíos religiosos, declara: “Tienen celo de Dios, pero no conforme a ciencia.” Y explica: “…porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios” (Ro.10:2-3).
Está el que alaba el amor de Dios y dice “¡Sonríe, Dios te ama!” Pero de la cruz y del mérito de Cristo no sabe, ni quiere saber nada. Uno habla sólo de la fe; otro sólo de las obras. Uno hace depender la salvación de la contrición y sentimientos de culpa; otro sólo habla de abnegación, dedicación, fervor religioso, renunciamiento al mundo y fuerza de voluntad. Citando la Biblia algunos sostienen que “el amor es lo más importante” (1 Co.13:13). “Ese es el único camino”, dicen. Otros afirman que “la demostración del Espíritu y de poder” es la prueba de la verdadera fe (1 Co.2:4). Sin embargo, aunque en el Día del Juicio protesten diciendo: “Señor, ¿No profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? A muchos de esos milagreros Cristo les declarará: “Nunca os conocí, ¡Apartaos de mí, hacedores de maldad!” (Mt.7:22-23).
Estas son algunas de las muchas opiniones diferentes y los presuntos caminos para la salvación de los seres humanos, que se entrecruzan aún en el ámbito de la cristiandad. Es cierto que señalan muchas preciosas cualidades y buenos eejercicios espirituales que ningún cristiano debería despreciar, sino tomar en cuenta seriamente. Cualidades que se encuentran en los verdaderos cristianos. Sin embargo, el elemento distintivo de todo verdadero cristiano y la prueba de que esas virtudes verdadera mente son obra del Espíritu Santo, es lo que falta en todas esas confesiones. Toda esa espiritualidad o religiosidad puede ser tan diferente de la verdadera, como un “shibolet” de un “sibolet” (Jue.12:5-6). A pesar de todas sus buenas apariencias, los hipócritas oirán la dura sentencia del rechazo de Dios. El propio Señor Jesús advierte de eso.
¿Y cuál es la señal característica del Reino de Cristo, lo que distingue la religiosidad genuina de todas las religiones falsas? Respondo: Quienes gracias a Dios conocieron la verdad y tienen abiertos los ojos espirituales, ven en toda la Biblia que existe sólo una cosa de la que depende todo. Ven que el rasgo característico, el elemento principal del verdadero cristianismo, es que el Señor Jesucristo llegó a ser “todo” para el cristiano. Para ellos es totalmente como dice Jesús: “El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida” (1 Jn.5:12). En el Hijo de Dios está nuestra vida y salvación.
Que cada uno se analice a sí mismo en base a este parámetro, para conocer su propia espiritualidad. El que llegó a la claridad, debe dar gracias a Dios. Tal persona podrá darse cuenta de la diferencia que hay entre la fe salvadora y otros tipos de religiosidad y será celoso y cuidadoso en su amor a Dios.
Muchos que todavía no conocen la verdad y la vida en Cristo, la conocerán si los creyentes tratan de iluminarlos en amor y sabiduría.
En resumen: Algunos insisten con mucho celo en la contrición y sinceridad como lo más importante. Otros en el amor y en la humildad. Otros en negarse a uno mismo y mortificar la carne. Todo eso puede ser bueno y precioso. Pero en sí mismo eso no es la vida cristiana, ni la produce. En el mejor de los casos apenas son pasos preliminares. Ante el trono del Cordero de Dios en el cielo, hay una multitud cantándole alabanzas; bien podría aparecer alguno en medio de la multitud diciendo: “Yo me esforcé mucho para alcanzar esta felicidad. Pero cuanto más trabajaba, más me daba cuenta que los ojos de Dios eran como llamas de fuego. Para Él ni siquiera los cielos son limpios. Así me dí cuenta de que el juicio de Dios era muy superior al del hombre “y morí”. Quedé totalmente impotente, sin saber qué hacer.
Pero entonces conocí el evangelio de Cristo y Cristo se transformó en mi vida; Él es mi Salvador, al que ahora alabo. Y es que: “Por amor de Él, lo he perdido todo y lo tengo por basura” así es con todos mis méritos propios.
Incluso el Señor ha puesto un nuevo cántico en mi boca: “Tú, oh Cristo, Cordero de Dios, fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios…” “A ti sea la alabanza, la honra, la gloria, y el poder, por los siglos de los siglos” ¡Amén! (Ro.7:9; Fil.3:7-8; Ap.5:9-13).