14 de enero 2026

    14.Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente.Lc.10:27

    Este es el primer y mayor Mandamiento. ¿Y qué puede ser más razonable, que la obligación de amar a Dios de esa manera? ¿Acaso no es acertado y justo, que cada latido, cada pensamiento, toda nuestra inteligencia y facultades mentales, nuestro cuerpo con todas sus fuerzas, nuestra alma y toda nuestra vida deben pertenecer y estar dedicados a Él en todo momento? Ningún momento de nuestra vida debe transcurrir sin que nuestra alma se vuelva a Él deseosa y amante, inquiriendo por su voluntad y agrado, prestando atención a todas sus indicaciones.

    Por cierto, nada inferior a eso es justo para seres creados a la imagen de Dios. Y es precisamente esto lo que expresan las palabras: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente”.

    La orden de amar a Dios de todo corazón, significa expresamente que debes amarle de verdad, sin hipocresía, de modo que Él sea el principal objetivo de tu atención, el que sobrepasa a todo lo demás, y de quien todo procede.

    El ser humano ha sido hecho de tal forma, que nunca puede amar a dos sujetos con igual intensidad. Como lo señala Jesús en Mt.6:24, al hablar de Dios y de las riquezas, uno de ellos siempre será el principal objeto de los afectos de tu corazón, en el que piensas más, al que te sientes unido con mayor devoción, el que más te encanta. Y Dios quiere ser el principal destinatario del amor de tu corazón. Eso es lo que significan las palabras: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón”. El resto del versículo no es más que un desarrollo de las cosas que acompañan a esa primera parte. Cuando agrega: “…y con toda tu alma”, simplemente quiere decir que cuando amas a Dios de todo corazón, también le entregas toda tu vida, de manera que, en comparación con Él, estimas de poca importancia tu propia conveniencia, honor, placer… sí, aun tu propia vida.

    En el lenguaje de la Escritura, la palabra alma generalmente significa la vida, todo lo que perciben nuestros sentidos. De modo que si te quiere dominar el amor a cosas materiales, o a algo muy personal; o si el temor a los sufrimientos quiere separarte de tu Señor, inmediatamente te desligas de todo y dices: “Prefiero perderlo todo, o sufrir cualquier cosa, con tal de retenerte a Ti, oh Señor…” “Fuera de Ti, nada deseo en la tierra” (Sal.73:23-28).

    También dice: “…y con todas tus fuerzas”, lo que significa que en todo momento, todas tus facultades se ocupen de Dios, adorándolo y sirviéndole. De modo que tus pensamientos estén en contínua conversación con Él; que tu imaginación, fuerzas y emociones siempre tengan como objetivo a Dios; ¡que tus ojos miren y tus oídos oigan sólo lo que pertenece a Dios! Que tu lengua quiera hablar todo el tiempo de Él, y tus manos quieran hacer algo para servirle.

    Finalmente dice: “…amarás al Señor tu Dios… con toda tu mente”, o textualmente “con todo tu entendimiento”. Amar con toda la mente o con todo el entendimiento es ocuparse por hallar en toda ocasión la mejor manera de agradar y servir al ser amado.

    Significa, en otras palabras, prestar atención al gusto y agrado del ser querido, de modo que lo que a él le agrada siempre sea lo más acertado, agradable y mejor también para el que lo ama. ¡Trata de entender entonces lo que significa amar a Dios con toda la mente! Significa que si Dios dispone, permite o causa un dolor, no importa lo penoso que fuese, inmediatamente lo acepto como saludable y precioso, sólo porque mi buen Dios así lo ordena.

    Y finalmente, que eso sea también tu propio deleite, porque amar a Dios con toda la mente es exactamente lo contrario a hacer algo solo por obligación o deber. Por lo tanto, si te cuesta, si te parece difícil hacer o sufrir algo por amor de Dios, de modo que todavía tienes que combatir un malestar dentro de ti, es señal de que aún no amas a Dios con toda tu mente. Amarás a Dios de tal modo, que no importa lo que permite u ordena que te sobrevenga, tú siempre lo aceptarás como saludable y valioso por su causa, porque Él así lo quiso, aunque a ti te parezca sumamente amargo. Por ejemplo, si se te priva de lo más querido que posees en este mundo, o si se te destruye toda tu felicidad terrenal, o si se te arruina completamente tu buen nombre y reputación… todas estas situaciones son sumamente penosas en sí mismas, pero por causa del agrado de tu Dios, te deben resultar gratas y preciosas, sólo porque Él así las dispuso.

    Esa es la enseñanza contenida en las palabras: “Amarás al Señor tu Dios… con toda tu mente”. Pues ¿cómo podría alguien amar a Dios con toda su mente, mientras todavía no ama lo que le agrada, o siente aversión a un Mandamiento que Él ha ordenado, o a un sufrimiento que Él ha dispuesto?

    Al que ama a Dios con todo su corazón, con toda su alma, y con toda su mente, sin duda le debe encantar todo lo que a Él le gusta, no importa lo dulce o amargo que fuese. Sólo porque Él lo dispone así.

    Publicado por editorial El Sembrador