13 de noviembre 2026

    13.Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino.Sal.119:105

    Piensa qué crueles son consigo mismos los que le niegan a sus almas la divina luz de la Palabra de Dios. Dios ha sido misericordioso y nos ha dado un medio visible para comunicarse con nosotros. Él mismo viene y actúa a través de este medio, y nuestra bienaventuranza eterna depende de su uso correcto y diligente. Sin embargo, vemos como el mundo miserable desprecia y pisotea estas perlas. Peor aún es cuando los que fueron iluminados y gustaron las bondades de la Palabra de Dios, permiten que el mundo incrédulo y las tendencias naturales de la carne, los aparten y los mantengan alejados de ella.

    Tantos pueden dejar transcurrir todo el día sin nutrir sus almas, ni siquiera un poquito, con el Pan de vida. Y así puede pasar toda la semana. O puede ser que se pongan a leer apresuradamente la Biblia, pero sus corazones y mentes están llenos de cosas mundanas. Y al no obtener provecho de la lectura, consideran a la Biblia como un libro aburrido. Es imposible para el sol calentar el mar cuando esta tormentoso, asi nuestro corazón necesita silencio para recibir la Palabra de Dios y ser calentado por el Espíritu Santo.

    El problema es la gran cantidad de cosas terrenales, los afanes, las riquezas y los placeres de la vida, que son como espinas que ahogan la planta de la fe, como lo explica el Señor en la parábola del sembrador (Lc.8:14).

    Placeres, comodidad, preocupaciones y obligaciones… para el alma cautivada por el diablo, estas cosas son más importantes que los tesoros celestiales.

    Unos dicen: “No tengo tiempo para estudiar la Biblia, porque tengo que hacer esto y aquello…” Actúan como si lo terrenal y temporal es lo que verdaderamente vale la pena hacer; mientras que lo espiritual y eterno se puede descuidar y poner en segundo plano continuamente. ¡A tal punto es seducida y enceguecida el alma!

    Puede que alguien diga: “Las responsabilidades de nuestra vocación terrenal son sagradas. No las debemos descuidar, porque el que no provee para su propia familia, es peor que un incrédulo” (1 Ti.5:8). Pero Jesús dice: “Es necesario hacer esto, sin dejar de hacer aquello” (Mt.23:23). Si has cuidado tu familia y tu trabajo de manera ejemplar, pero descuidado y dejado morir tu vida espiritual, de nada te servirán esos logros en la hora de tu muerte y en el Juicio Final. Y si alguien te dice que tu trabajo y tu familia serán perjudicados si dedicas tiempo a la oración y a la Palabra de Dios, no es otro que el engañador de las almas, la vieja serpiente, el diablo. Además, por el paganismo de nuestra naturaleza y la incredulidad de nuestro corazón, no conocemos las bendiciones de Dios, ni nos interesamos por los bienes celestiales. Por eso, preferimos otras cosas y actividades. ¡Qué terrible desprecio de Dios y de tu alma inmortal! Tenemos la oportunidad de comunicarnos con el Todopoderoso Creador de los cielos y la tierra, con nuestro amado Salvador, que quiere colmarnos de bendiciones, y sin embargo decimos que no tenemos tiempo para ello. Pero sí tenemos tiempo para hablar de una y de mil cosas con otras personas. Esto no es otra cosa que la seducción y el engaño del diablo. Debido a tu trabajo no puedes tomar una de las veinticuatro horas del día, para alimentar tu alma; pero tu trabajo, al que le dedicas tanto empeño, no podrá ayudarte en las peores angustias de tu alma; en cambio, la Palabra de Dios siempre puede ayudarte. Por lo tanto, no la menosprecies.

    Si descuidas la Palabra de Dios, el nuevo hombre en tu interior se irá debilitando día tras día. Tu fe se irá apagando; tu temor de Dios y los demás frutos del Espíritu irán desapareciendo. Entonces comenzarás a perder el control sobre tus debilidades y a ser derrotado por las tentaciones. Pero, ¿cómo podrías esperar algo diferente? La Palabra de Dios y la experiencia nos enseñan que el ser humano no puede vencer al mal con sus propias fuerzas, sin ayuda de la gracia divina. Por eso Dios nos ha dado los medios de gracia, y si usas apropiadamente esos medios, no te faltará conocimiento ni poder para vivir la fe cristiana.

    Quizás digas que has tratado de leer la Palabra de Dios, sin embargo, eso no te ayuda a mejorar. Las causas pueden ser dos: Tal vez no entiendas qué es el verdadero arrepentimiento. Quieres alcanzar un alto nivel de espiritualidad y santificación, y no comprendes que para llegar a eso primero tienes que pasar por el valle de la profunda humillación y miseria. No entiendes que, en lugar de considerarte a ti mismo cada vez mejor, tiene que suceder lo contrario. La otra causa posiblemente es que todavía estés esclavizado por el pecado; que aún no hayas recibido un corazón nuevo, con una tendencia espiritual diferente. En ese caso, no has usado la Palabra de Dios correctamente. Tal vez has invertido el orden de Dios, y primero quieres librarte del mal por ti mismo, para recién entonces buscar ayuda en Cristo. Intentas producir frutos antes de haber sido injertado en Cristo. Si ese es tu caso, entonces acude primeramente a Cristo, y ruégale que tenga misericordia de ti. De esa manera encontrarás remedio contra el mal.

    Desecha la confianza en tus propios méritos, la cual está profundamente arraigada en tu corazón. Y arrójate tal como eres, con todos tus defectos, a la misericordia de Dios en Cristo. Entonces experimentarás que “cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia” (Ro.5:20). Y esa sobreabundante gracia cambiará tu corazón de tal manera, que perderás el gusto por las cosas malas que antes te mantenían cautivo. Y las cosas buenas que anteriormente no querías o no te interesaban, se convertirán en tu deleite. Eso enseña la Palabra de Dios. Utilízala debidamente, y no te faltará nada para tu salvación y eterna bienaventuranza.

    Publicado por editorial El Sembrador