13.De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.2 Co.5:17
La primera creación se había arruinado con la caída. Lo que fue un deleite y un placer a los ojos de Dios (cuando miró todo lo que había creado), sufrió una destrucción tan lamentable, que el Señor -hablando como solemos hacerlo nosotros- “se arrepintió de haber hecho al hombre” (Gn.6:6).
Pero luego Dios nos dio al “Verbo eterno” (Jn.1:14), “el Principio de la Creación de Dios” (Ap.3:14), para que iniciase una nueva creación en la tierra: El nuevo hombre, creado a su imagen, como en la primera creación, “en la justicia y santidad de la verdad” (Ef.4:24), “creado en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas” (Ef.2:10). “Si alguno está en Cristo” -dice el apóstol.
Esto ocurre cuando el Espíritu Santo reprende todo lo malo que hay en nosotros: El pecado, la impiedad, la falsa justicia propia, etc., hasta que ya no encontramos paz en ninguna parte, sino en Cristo y en su justicia. Cuando el alma perseguida y angustiada por la continua reprensión del Espíritu Santo, no ve otra salida que revestirse enteramente con la justicia de Cristo, y obtenerlo todo: Justificación y vida solamente en Él… eso es “estar en Cristo”. Entonces -dice el apóstol- también se es una “nueva criatura”; la vieja naturaleza quedó atrás.
Es una verdad verificable por la experiencia. Todos los renacidos dan testimonio de que al mismo tiempo que recibieron vida, justificación, paz y luz en Cristo, también fueron convertidos en personas totalmente nuevas, con un corazón y una mente completamente renovadas, de modo que de ahí en más vieron todo diferente. Adquirieron una nueva manera de pensar en los temas espirituales; nueva vista y nuevos oídos; un nuevo deleite en su corazón; nuevas alegrías y nuevas preocupaciones; nuevas perspectivas y nuevas aspiraciones…en fin: Una vida nueva, un mundo de intereses totalmente desconocidos anteriormente. Y eso se manifiesta en una nueva manera de hablar y de vivir.
Frente al “viejo hombre” que todavía existe en el cristiano, éste se encuentra ahora en una nueva posición. Los pecados y las codicias que anteriormente eran su delicia, ahora le causan pena y alarma. Mientras que las cuestiones espirituales y celestiales, que anteriormente le parecían aburridas y extrañas, ahora son su vida y su delicia.
Posee una mente nueva, aunque su naturaleza carnal, heredada de Adán, sigue existiendo hasta el final de esta vida terrenal y se opone tenazmente al “nuevo hombre” interior. Esa lucha es una evidencia del nuevo nacimiento. Cristo dijo: “El que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Jn.3:3).Y San Juan habla de los “hijos de Dios, los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios” (Jn.1:13). Con este nuevo nacimiento, esta nueva creación, Dios restaura su imagen perdida en el ser humano. Mejor dicho: En la mente y el espíritu de los creyentes. Claro que mientras todavía vivimos en la carne, llena de pecado y hostil al Espíritu, esa nueva semejanza todavía no es perfecta.
Pero vendrá el día en que la nueva criatura creada a la semejanza de Dios “en justicia y santidad de la verdad” (Ef.4:24), será liberada de este cuerpo mortal. Cuando Cristo regrese y nos resucite para la gloria eterna, “seremos semejantes a Él, porque le veremos tal como Él es” (1 Jn.3:2).
Por esto, cada creyente debe examinarse a sí mismo. El apóstol afirma en forma contundente: “Si alguno está en Cristo, nueva criatura es”. Si te jactas de estar convertido y ser un hijo de Dios pero no posees una nueva mente y un nuevo corazón, entonces no sabes todavía lo que significa tener la verdadera fe y la salvación en Cristo. Toda la Sagrada Escritura declara que poseer la verdadera fe significa tener una nueva mente y un nuevo corazón, conocimiento de Dios y comunión con Él, deleite en su Ley y victoria sobre el mundo perdido. Así como es imposible tener fuego sin calor, es imposible tener la fe y el nuevo nacimiento obrado por el Espíritu de Dios, sin tener simultáneamente vida nueva y poder “Si alguno está en Cristo, nueva criatura es”.
El apóstol habla con sencillez y pocas palabras, pero es contundente y categórico. ¡No pases por alto esta importante verdad, por irritante que sea! ¡Detente y sé honesto contigo mismo! Debemos meditar y repensar seriamente la Palabra de Dios.
Es mejor descubrir hoy cualquier engaño espiritual, que ser defraudado cuando sea demasiado tarde. Las vírgenes insensatas bien pueden ser personas religiosas, amantes de la Palabra de Dios en general, y dotadas de ciertas virtudes; pero no tienen su deleite y vida en Cristo y en su gracia, no quieren oír mucho su Evangelio ni hablar tanto de Él y del perdón de pecados. Analizando tu vida puedes saber si has sido verdaderamente convertido y si tienes la fe salvadora. No importa cuántos y cuán graves sean tus pecados y flaquezas, si al mismo tiempo también posees la nueva vida espiritual; si reconoces que Cristo es todo para ti: Tu Alfa y Omega, el principio y el fin de tu salvación, tu único consuelo, tu diaria necesidad, de modo que ante todo deseas oír algo de Él y de sus méritos; y en segundo lugar, observa si como fruto de tu fe ahora sientes un nuevo amor por la voluntad de Dios; sí, un deleite en su santa Ley, y por eso te afliges por tus pecados y luchas contra ellos.
Por más graves que fuesen tus defectos y pecados, este nuevo ser en ti es una firme evidencia de que has nacido de Dios.