13 de enero 2026

    13.Dios puso a Cristo Jesús como propiciación por medio de la fe en su sangre para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados.Ro.3:25

    El apóstol explica enseguida, -en el próximo versículo-, qué se debe entender aquí por justicia de Dios. Dice en el v.26: “…con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que Él sea el Justo, y el que justifica al que es de la fe en Jesús”. Dios es Justo, y también es Él quien justifica a los creyentes.

    Esta justicia de Dios se manifestó cuando dio a su Hijo para ser un sacrificio propiciatorio. De modo que justicia de Dios significa aquí su justicia de Juez; en otras palabras, su rectitud.

    La muerte propiciatoria de Cristo expuso y manifestó la justicia de Dios en dos etapas. La primera fue la indulgencia de Dios en tiempo del Antiguo Pacto, como lo expresan las palabras del apóstol: “…a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados” (v.25). Y la segunda, en tiempo del Nuevo Pacto, el perdón y la justificación de los pecadores que creen en Jesucristo, En cuanto a la primera ocasión, parece que el apóstol quiere decir: En tiempos pasados Dios soportó a los pecadores sin infligirles todo el castigo que demandaba la Ley. Porque si Dios hubiese revelado inmediata y plenamente su justicia punitiva, y hubiese obrado con los hombres de acuerdo a sus méritos, habría tenido que exterminarlos de la faz de la tierra. sino que, habría tenido que destruir no sólo a todas las naciones paganas; habría tenido que acabar también con Israel su pueblo elegido. En ese caso se habría desvanecido su plan de gracia para con toda la humanidad, incluso el pacto con Israel. Es como si durante todo el tiempo previo al envío de su Hijo, Dios se hubiese olvidado de castigar a los hombres de acuerdo a sus pecados; como si toda la humanidad estuviese descansando bajo la sombra de la paciencia de Dios.

    Pero cuando vino Cristo, el tiempo de esa indulgencia habría de terminar. Y cuando la justicia divina reclamó el pleno castigo de los pecados del mundo, en el sangriento sacrificio del unigénito Hijo en la cruz, quedó bien claro ¡cuánta paciencia y misericordia había tenido Dios con la humanidad!

    En cuanto a la segunda ocasión el apóstol dice: “…con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que Él sea el Justo, y el que justifica al que es de la fe en Jesús”. Aquí se habla de algo más que simple indulgencia y paciencia. Aquí se habla de la gracia plena, que justifica al que cree en Jesucristo.

    Cómo la santidad y la justicia de Dios puede justificar a los pecadores, habría de manifestarse en la dolorosa y cruel muerte expiatoria de Cristo. ¡Ah, qué palabras más alentadoras para alegrar el corazón! El apóstol afirma que Dios ha puesto a su Hijo, para ser la propiciación por medio de su sangre, a fin de mostrar la justicia, por la que justifica a los que creen en Jesús. Interpuso una legítima propiciación, con el objeto de poder ser a un mismo tiempo “el Justo, y el que justifica al que cree”. Si no hubiese dispuesto esa compensación legítima y completa por todos nuestros pecados, tampoco podría haber justificado a los pecadores y seguir siendo perfectamente justo. Porque la justicia demandaba que los pecadores fuesen castigados, no justificados. Pero ahora, desde que se ofreció una legítima propiciación, Dios puede ser a un mismo tiempo “el Justo, y el que justifica al que cree”.

    ¡Regocíjese el cielo y alégrese la tierra! El indulto del pecador ahora es compatible con la Justicia. Si así no fuera, tampoco sería posible perseverar en la fe, ni siquiera por la gracia de Dios. Siempre tendríamos que temer que nuestros continuos pecados acabarían cansando a Dios. Pero ahora Dios mismo dispuso que la propia justicia demande el perdón, porque no sería justo reclamar dos veces el pago de la misma deuda.

    Si la sangre de Cristo ha pagado por nuestros pecados, no se exigirá más pago de nosotros, en tanto que Dios sea justo y no rechace el rescate que Él mismo fijó por nuestros pecados.

    Así, en la propiciación de Cristo Dios expuso con toda claridad su justicia, con la que perdona y justifica a los pecadores. “A Dios nadie lo vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, Él lo ha dado a conocer” (Jn.1:18).

    En Cristo han resplandecido las más excelentes cualidades de Dios: Su infinita misericordia, y su perfecta justicia. Satisfizo a la justicia con todo lo que pudo reclamar. De modo que ahora tanto la misericordia de Dios como su justicia, le puede asegurar a todo pecador creyente la gracia y la salvación eterna.

    Ahora entendemos que Dios no sólo es piadoso, sino también fiel y justo, para perdonar pecados. En vez de conformarse con la satisfacción de tan sólo una pequeña parte de sus reclamos, la justicia exigió la plena compensación. Y si tomamos en cuenta la majestad de la Persona que ofreció esa compensación, tenemos que reconocer que la justicia divina ha sido exaltada en sumo grado.

    Publicado por editorial El Sembrador