13 de diciembre 2026

    13.Solamente que os comportéis como es digno del evangelio de Cristo.Fil.1:27

    Piensa en todas las cosas buenas que el evangelio nos ha dado. ¡Recuerda que santo y sublime llamado hemos recibido! ¡Somos hijos de Dios y herederos de riquezas eternas! Somos hermanos y coherederos con Cristo (Ro.8:17). Somos conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios (Ef.2:19). Somos sacerdotes al servicio del Rey (1 P.2:9), templos vivientes del Espíritu Santo; sí, santos de Dios en este mundo.

    Todo eso es la persona que vive unida al Salvador por medio de la fe. Y aunque parezca absurdo, es ciertamente la verdad porque Dios mismo lo dice. Se basa en un fundamento tan firme, que no puede ser derribado por todas las tormentas del pecado, siempre que por medio de la fe permanezcamos en Cristo, bajo su amparo. Es así, porque el Señor lo ha prometido y lo hace posible.

    Hemos recordado nuestro sublime llamado en Cristo. Ahora podemos entender la importante recomendación que nos hace el apóstol, al pedirnos que nos comportemos como es digno del evangelio de Cristo. Si pensamos a fondo en esta cuestión, quisiéramos morir de angustia, a pesar de que nuestras vidas puedan ser mucho mejores que la de la mayoría de la gente. Así como no es adecuado que los príncipes vivan como los hijos de las familias más bajas de la sociedad; tampoco es adecuado que los cristianos vivan como los hijos de este mundo. ¡Quiera Dios ayudarnos a reflexionar y recordar esto un poco mejor! ¡Piénsalo!

    Eres afortunado por haber sido elegido para ser amigo y discípulo de Cristo. Tú puedes ver como el mundo está bajo el poder del mal; como la gente está espiritualmente muerta y ciega, bajo el poder espiritual que opera en los hijos de la incredulidad. Entre ellos anduvimos todos nosotros, siguiendo los deseos de la carne. Pero tú has sido elegido para quedar fuera de este poder de la oscuridad y ser trasladado al reino del amado Hijo de Dios. Y ahora tienes parte en la herencia de Cristo, junto con los santos. Tú disfrutas de la amistad y la comunión con Dios. Dispones de la gracia y la eterna justificación para todas tus imperfecciones. Tienes el Espíritu Santo en tu corazón y una firme seguridad en la gloria venidera.

    ¿No deberías, pues, consagrar tu vida al Señor? ¿Acaso no deberías rechazar la idea de hacer lo que se te antoje con tu vida? Tendrías que pensar siempre que estás llamado a vivir para el Señor, es decir de una manera diferente a los demás. Por cierto: ¡Todos deberían vivir constantemente según el Espíritu, “adornando” en todo la doctrina de nuestro Dios y Salvador! Pero, el pecado original que hemos heredado de Adán aún tiene mucha influencia en nuestra naturaleza.

    Padecemos muchas angustias debido a nuestros errores y debilidades. Junto al apóstol Pablo te lamentas diciendo: “No hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago” (Ro.7:19). Pero, a pesar de ello, siempre tienes que estar ejercitándote en la santificación; perpetuamente tienes que prestarle atención a tu llamado, como amigo y discípulo de Cristo, para que puedas conducirte como es digno del evangelio.

    Lutero escribió: “Aquí el apóstol quiere decir: Tú has recibido la Palabra y la gracia de Dios y así fuiste salvo. En Cristo tienes todo lo que necesitas. Acuérdate de esto y recuerda también que has sido llamado a algo diferente y superior. Por lo tanto, vive de tal manera que la gente pueda ver que buscas un bien superior, y que de hecho lo has recibido. Procura que tu vida sirva para la honra y gloria del que te ha dado tal tesoro. Y ten cuidado para no dar a nadie motivos para burlarse de este tesoro ni para despreciar la Palabra de Dios. Al contrario, que por tu manera de vivir y por tus buenas obras, los demás puedan sentirse atraídos y animados a creer también en Cristo y alabarlo. Recuerda también que los pecados cometidos por los cristianos no sólo provocan la ira de Dios. Lo que agrava los pecados de los creyentes es que dan motivos para que la gente mundana blasfeme el nombre de Dios; además pueden hacer que algunos se escandalicen y rechacen la fe. Por eso el apóstol Pablo dijo: “El nombre de Dios es blasfemado entre los gentiles por causa de vosotros” (Ro.2:24). La vida del cristiano ha de ser de tal manera, que el nombre de Dios no sea blasfemado por su culpa. Los cristianos tienen que cuidarse de modo que no causen tropiezos a otros con su manera de vivir. El nombre y la gloria de Dios tienen que ser muy importantes en sus vidas, de manera que busquen evitar difamaciones, aún a costa de perder su gloria personal, sus bienes, e incluso sus vidas”.

    Quiera cada uno analizar su propia vida y pensar seriamente sobre esto, para así, evitar ofensas al evangelio. Que encaminemos nuestras vidas de acuerdo a los Mandamientos de Dios, para gloria de su nombre. Sí, que todo aquel que lea esto se detenga a pensar en sí mismo. Tanto los laicos como los pastores cristianos tienen que recordar que los ojos de la gente pagana están sobre ellos, observando sus actos. Lo que hacen los hijos de este mundo, no importa demasiado. Ellos no están unidos a Dios, sino que actúan independientemente. Pero lo que los cristianos hacemos siempre se asocia con el evangelio.

    Cuidémonos, pues, para vivir de acuerdo a nuestro llamado cristiano.

    Publicado por editorial El Sembrador