10 de marzo 2026

    10.Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino, mas Jehová cargó en Él el pecado de todos nosotros.Is.53:6

    Lo qué estas palabras significan… es identificar cuál realmente es nuestro problema. Hasta qué punto el ser humano se apartó de Dios y cómo cada cual se fue por su propio camino, se puede ver al contemplar el remedio que Dios aplicó para salvarnos de ese descarrío. La Biblia dice: “Jehová cargó en Él el pecado de todos nosotros”, o sea, Cristo sufrió por nuestro pecado y para nuestra salvación, para abrirnos el camino al cielo. El Espíritu del Señor señala como nuestro principal error en este asunto que “cada cual se había apartado por su propio camino”. Para salvarse, cada uno piensa en algún mérito propio.

    Uno dice: “Quisiera tomar realmente en serio mi religión y amar y temer a Dios como corresponde. Entonces podría esperar en la gracia”. Pero el profeta dice que eso es apartarse por un camino propio. Dista mucho de ser suficiente. Eres demasiado corrupto. Estás perdido, a pesar de todo lo que hagas.

    Otro razona: “Ojalá pudiera sentir que me he arrepentido lo suficiente… cómo quisiera sentir una profunda y amarga tristeza por mi pecado, y velar y luchar seriamente contra mis tentaciones, entonces sí podría esperar en la gracia”. Sin embargo, eso también es apartarse por un camino propio, según Isaías. Todos nuestros esfuerzos son inútiles. Necesitamos ayuda de afuera.

    Pero si quieres saber qué es lo que vale, escucha: “Jehová cargó en Él (en Cristo) el pecado de todos nosotros”. Sólo esto será aceptado. El Señor miró con piedad nuestros miserables esfuerzos por salir del fango de nuestros pecados, tuvo lástima de nosotros, y nos dio un hombre para que cargase el pecado de todos nosotros. Porque “al que no conoció pecado (al santo Cristo), por nosotros lo hizo pecado” (2 Co.5:21). Gracias a ese maravilloso decreto divino, adjudicando todos los pecados de la humanidad a un solo hombre, el Juez Supremo sentenció que todos nuestros pecados fueran responsabilidad de nuestro Salvador. Él debió pagar y ofrecer reparación por ellos. Nuestros pecados ya no son nuestros, sino Suyos.

    Y para que nos quedemos bien tranquilos el profeta declara que no fuimos nosotros los que cargamos nuestros pecados en Él, sino “Jehová”. Es la acción y voluntad del propio Señor, quien lo ha planificado así, ¡y por supuesto está satisfecho con lo que Él mismo ha dispuesto! Como dice San Juan: “¡He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!” (Jn.1:29). Recuerda esas palabras: “¡Cordero de Dios!” Cristo es el Cordero que Dios eligió para nuestra expiación; el único sacrificio que Dios demanda para nuestra propiciación. Por eso Jesús dijo que el Padre lo amaba, porque Él -el unigénito Hijo- obediente y voluntariamente, daba su vida por nosotros. ¿Qué puede ser más seguro? Después de todo, ¡Dios debe estar satisfecho con su propia voluntad! ¡Oh miserable alma mía, pecadora, agotada y abatida! Por favor recuérdalo siempre: ¡Es la obra del propio Dios lo que te salva! ¡Es Dios Padre personalmente quien decidió ofrecer esta propiciación! Entonces, ¿quién puede acusarte de tu pecado? El propio Dios del cielo, que es tu Señor y a quien tanto temes, cargó toda tu culpa, no en ti, sino en Cristo, para protegerte a ti de todas las condenaciones de la Ley.

    Si los miserables pecadores con sus conciencias atormentadas no tienen parte en esta expiación, salvación y gracia, ¿quiénes disfrutarán de estos beneficios? Porque la propiciación no es para los justos, sino para personas reprensibles. ¡Ah, qué inmenso amor! A los pecadores con cargos de conciencia ¡se les ofrece ahora paz por medio de Cristo! Esta es la gran doctrina principal de toda la Palabra de Dios. ¡Bendito y alabado sea el Señor! Si tan sólo puedes creer esto…

    Calcula lo que pesas tú frente a esa propiciación; cuánto pesa toda tu horrenda corrupción, iniquidad y culpabilidad contra la inocente muerte del propio Hijo de Dios. ¿Te das cuenta de que toda la humanidad pecadora es como nada frente al santo Hijo de Dios?

    El Señor Jesús es el buen pastor, y dijo que “el buen Pastor su vida da por las ovejas” (Jn.10:11). Medita, por favor, en ese ejemplo. Imagínate primero un rebaño siguiendo a su pastor, que lo quiere conducir a lugares de verdes pastos y frescas aguas. Ahora imagínate que todas las ovejas se dispersan y alejan por diferentes caminos, mortalmente peligrosos. Y sin embargo el pastor da su vida por sus ovejas. ¿No te parece un precio alto? Así somos todos los seres humanos.

    Nos hemos apartado de Dios y seguido conductas y estilos de vida que nos han causado daño en cuerpo y alma. Ante Dios somos moralmente culpables de rebelión e ingratitud y merecemos su terrible castigo. Pero tenemos un Pastor inmensamente bueno y compasivo, dispuesto a dar hasta su vida para recuperar a sus ovejas. ¿No te parece un precio muy elevado la muerte del eterno Hijo de Dios por los seres humanos? Este es un precio infinitamente superior a nuestro valor.

    Y tú también estás incluido en este rescate. Todos tus pecados, por abominables que fuesen en sí mismos, desaparecen en la nada porque Cristo los ha quitado para siempre de la presencia de Dios, cargándolos sobre su cuerpo y pagando por ellos con su vida, al morir en la cruz. Y esto es precisamente lo que Dios Padre se propuso y quiso, que todos nuestros pecados desaparezcan como nada, a fin de que obtuviésemos paz. Si encuentras la paz para tu alma solamente en Cristo, ya te has dado cuenta de quién es Él realmente. Y si es así, sin duda tu Buen Pastor también hallará remedios para tus muchas debilidades de carácter. Para Él eres una pobre oveja.

    Él mismo quiere hacer todo lo que haga falta para tu recuperación. La oveja sólo necesita escuchar la voz de su Pastor. Tan sólo escúchalo, y tu alma vivirá.

    Publicado por editorial El Sembrador