1.Misericordioso y clemente es Jehová; lento para la ira, y grande en misericordia.Sal.103:8
Leyendo esto, es posible que una persona angustiada exclame: “¡Ah, qué miserable soy! Dios es misericordioso con sus amados… ellos pueden reanimarse con un versículo como este, ¡pero yo no! A mí Dios me ha rechazado. Siento que está enojado conmigo y que no quiere oír mi oración. Percibo su enojo en mi corazón. Lo busco en su Palabra, y no encuentro ningún consuelo o poder. Lo busco en oración, pero no obtengo ninguna respuesta, sólo amenazas y temores. ¡El Señor me ha abandonado!”
¡Pobre alma! ¿Quién te representó a Dios de esa manera? Fue el diablo, y tu propio corrupto corazón, pues tienes una imagen totalmente falsa de Dios. Mira como las Escrituras presentan la disposición del corazón de Dios: “Misericordioso y clemente es Jehová; lento para la ira, y grande en misericordia. No contenderá para siempre, ni para siempre guardará el enojo”.
Es cierto que Dios puede contender y mostrarse enojado contigo por algún tiempo. Y es cierto que en tal tiempo de enojo puede ocultar de ti su rostro y privarte de su benigna presencia. Pero es imposible que pueda repudiarte de esa forma eternamente, y seguir airado contigo para siempre. Esta es la diferencia.
Toda la Palabra de Dios, desde el principio hasta su fin, y todo el proceder de Dios con los Hijos de Israel, demuestra definitivamente que el Señor jamás abandonó a alguien para siempre, excepto a los empedernidos, a los que perseveran todo el tiempo en su rebeldía y menosprecio. Pero jamás abandonó a los que lo buscan sinceramente, los que se dejaron reprender, los que en su aflicción invocaron al Señor y quisieron ser sus queridos hijos.
Dice en libro apócrifo Eclesiástico 2:10-12 : “Fíjense en lo que sucedió en otros tiempos: Nadie que confiara en el Señor se vio decepcionado; nadie que lo honrara fielmente se vio abandonado; a todos los que lo invocaron, Él los escuchó. Porque el Señor es tierno y compasivo, perdona los pecados y salva en tiempo de aflicción. Pero: ¡Ay de los corazones cobardes y de las manos perezosas!” Sí: ¡Ay del que prefiere confiar en su propio corazón y sentimiento! ¡Ay del que no confía en Dios, desafiando aun a sus propios sentimientos!
Escucha lo que Dios mismo dice: “Así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y en la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados. Porque no contenderé para siempre, ni para siempre me enojaré; pues decaería ante mí el espíritu, y las almas que yo he creado” (Is.57:15-16). ¿Es esta realmente la Palabra del propio Dios? Entonces, créela. ¡No trates a Dios como si fuera un mentiroso! Pues es como dice este pasaje: Él contiende o lucha con nosotros, pero no para siempre.
Otro ejemplo de esto, es cuando discutió con la mujer cananea un largo rato, hasta la comparó a los perritos; -pero como ella siguió creyendo, más allá de la densa nube de aparente adversidad, y miró al corazón de Jesús, que de acuerdo a lo que se decía de Él debía estar lleno de amor, prendió al Señor en sus propias Palabras, diciéndole: “Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos”, entonces Jesús no pudo contenerse más; su corazón efectivamente ardía de amor y Él exclamó: “¡Oh mujer, grande es tu fe! ¡Hágase contigo como quieres!” (Mt.15:21-28).
Ahí puedes ver cuál es la disposición de su corazón, aun cuando reprende. Ahí ves cuál es su mayor satisfacción, es decir: Que sigamos creyendo en Él. Porque vemos claramente que fue una satisfacción, un verdadero placer para Él, que la mujer haya perseverado de esa manera, pues le dijo: “¡Oh mujer, grande es tu fe!” ¿No quieres causarle ese placer tú también? Entonces, cuando Él oculta su amor, ¡persevera en la fe!
¡No permitas que el diablo te desfigure la imagen de Dios! Su verdadera imagen está en las palabras: “Misericordioso y clemente es Jehová; lento para la ira, y grande en misericordia”. “Misericordioso” significa que siente compasión por nuestra aflicción, y no es capaz de permitir que lo invoquemos en vano.
Como dijo Jesús: “¿Acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a Él día y noche? ¿Se tardará en responderles?” (Lc.18:7). Sin duda verá su aflicción y escuchará el clamor de sus hijos, que día y noche claman a Él, y los atenderá. Y “clemente” significa que no nos retribuye conforme a nuestros pecados, sino que obra con nosotros conforme a su pacto de paz y gracia en Cristo Jesús.
En nuestras almas surgen miles de ideas e imágenes de Dios. Pero la única imagen auténtica es la del Salmo103:8. Tan pronto como aparezca cualquier otra imagen o idea de Dios en tu alma, como por ejemplo, que quiere tratar contigo de acuerdo a tus méritos o pecados; o que no se interesa por ti y te ha abandonado, contesta inmediatamente: No, esa es una imagen totalmente equivocada, falsa y distorsionada. O di: Esa no es la imagen de Dios, sino del diablo. El verdadero Dios es “misericordioso y clemente; lento para la ira, y grande en misericordia”.